Archivo del sitio

11/05/2006 – DISCURSO A UN CONGRESO ORGANIZADO POR EL INSTITUTO JUAN PABLO II PARA ESTUDIOS SOBRE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A UN CONGRESO ORGANIZADO POR EL INSTITUTO
JUAN PABLO II PARA ESTUDIOS
SOBRE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

Jueves 11 de mayo de 2006

Getty

Getty

Señores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría me encuentro con vosotros en este XXV aniversario de la fundación del Instituto pontificio Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, en la Universidad pontificia Lateranense. Os saludo a todos cordialmente y os agradezco el gran afecto con que me habéis acogido. Doy las gracias de corazón a monseñor Livio Melina por sus amables palabras y también por haber abreviado. Podremos leer luego lo que quería decir, y queda más tiempo para compartir.

Los inicios de vuestro Instituto están relacionados con un acontecimiento muy especial:  precisamente el 13 de mayo de 1981, en la plaza de San Pedro, mi querido predecesor Juan Pablo II sufrió el grave atentado, bien conocido, durante la audiencia en la que iba a anunciar la creación de vuestro Instituto. Este hecho tiene una importancia especial en la actual conmemoración, que celebramos poco después del primer aniversario de su muerte. Lo habéis querido destacar mediante la oportuna iniciativa de un congreso dedicado al tema:  “La herencia de Juan Pablo II sobre el matrimonio y la familia:  amar el amor humano”.

Con razón, vosotros sentís esta herencia de manera totalmente especial, pues sois los destinatarios y los continuadores de la visión que constituyó uno de los ejes de su misión y de sus reflexiones:  el plan de Dios sobre el matrimonio y la familia. Esta herencia no es simplemente un conjunto de doctrinas o de ideas; es ante todo una enseñanza dotada de una luminosa unidad sobre el sentido del amor humano y de la vida. La presencia de numerosas familias en esta audiencia —y por tanto no sólo los alumnos actuales y del pasado, sino sobre todo los alumnos del futuro— es un testimonio particularmente elocuente de cómo la enseñanza de esa verdad ha sido acogida y ha dado sus frutos.

La idea de “enseñar a amar” ya acompañó al joven sacerdote Karol Wojtyla y sucesivamente lo entusiasmó cuando, siendo un joven obispo, afrontó los difíciles momentos que siguieron a la publicación de la profética y siempre actual encíclica Humanae vitae de mi predecesor Pablo VI.

Fue en esa circunstancia cuando comprendió la necesidad de emprender un estudio sistemático de esta temática. Esto constituyó el substrato de esa enseñanza, que luego ofreció a toda la Iglesia en sus inolvidables Catequesis sobre el amor humano. Así puso de relieve dos elementos fundamentales que en estos años vosotros habéis tratado de profundizar y que configuran la novedad misma de vuestro Instituto como entidad académica con una misión específica dentro de la Iglesia.

El primer elemento es que el matrimonio y la familia están arraigados en el núcleo más íntimo de la verdad sobre el hombre y su destino. La sagrada Escritura revela que la vocación al amor forma parte de la auténtica imagen de Dios que el Creador quiso imprimir en su criatura, llamándola a hacerse semejante a él precisamente en la medida en la que está abierta al amor. Por tanto, la diferencia sexual que caracteriza el cuerpo del hombre y de la mujer no es un simple dato biológico, sino que reviste un significado mucho más profundo:  expresa la forma del amor con la que el hombre y la mujer llegan a ser —como dice la sagrada Escritura— una sola carne, pueden realizar una auténtica comunión de personas abierta a la transmisión de la vida y cooperan de este modo con Dios en la procreación de nuevos seres humanos.

Un segundo elemento caracteriza la novedad de la enseñanza de Juan Pablo II sobre el amor humano:  su manera original de leer el plan de Dios precisamente en la convergencia de la revelación divina con la experiencia humana, pues en Cristo, plenitud de la revelación de amor del Padre, se manifiesta también la verdad plena de la vocación del hombre al amor, que sólo puede encontrarse plenamente en la entrega sincera de sí mismo.

En mi reciente encíclica subrayé cómo precisamente mediante el amor se ilumina “la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino” (Deus caritas est, 1). Es decir, Dios se sirvió del camino del amor para revelar el misterio íntimo de su vida trinitaria.

Además, la íntima relación que existe entre la imagen de Dios Amor y el amor humano nos permite comprender que “a la imagen del Dios monoteísta corresponde el matrimonio monógamo. El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano” (ib., 11).

Esta indicación queda todavía, en buena parte, por explorar. De este modo se perfila la tarea que el Instituto para estudios sobre el matrimonio y la familia tiene en el conjunto de sus estructuras académicas:  iluminar la verdad del amor como camino de plenitud en todas las formas de existencia humana. El gran desafío de la nueva evangelización, que Juan Pablo II propuso con tanto impulso, debe ser sostenido con una reflexión realmente profunda sobre el amor humano, pues precisamente este amor es un camino privilegiado que Dios ha escogido para revelarse a sí mismo al mundo y en este amor lo llama a una comunión en la vida trinitaria.

Este planteamiento también nos permite superar una concepción del amor como algo meramente privado, hoy muy generalizada. El auténtico amor se transforma en una luz que guía toda la vida hacia su plenitud, generando una sociedad donde el hombre pueda vivir. La comunión de vida y de amor, que es el matrimonio, se convierte así en un auténtico bien para la sociedad. Evitar la confusión con otros tipos de uniones basadas en un amor débil constituye hoy algo especialmente urgente. Sólo la roca del amor total e irrevocable entre el hombre y la mujer es capaz de fundamentar la construcción de una sociedad que se convierta en una casa para todos los hombres.

La importancia que el trabajo del Instituto reviste en la misión de la Iglesia explica su configuración propia:  de hecho, Juan Pablo II aprobó un solo Instituto con diferentes sedes distribuidas en los cinco continentes, con la finalidad de ofrecer una reflexión que muestre la riqueza de la única verdad en la pluralidad de las culturas. Esta unidad de visión en la investigación y en la enseñanza, a pesar de la diversidad de lugares y sensibilidades, representa un valor que tenéis que conservar, desarrollando las riquezas arraigadas en cada cultura. Esta característica del Instituto se ha demostrado particularmente adecuada para el estudio de una realidad como la del matrimonio y la familia. Vuestro trabajo puede mostrar cómo el don de la creación vivido en las diferentes culturas ha sido elevado a gracia de redención por Cristo.

Para poder cumplir bien vuestra misión como fieles herederos del fundador del Instituto, el querido Juan Pablo II, os invito a contemplar a María santísima, la Madre del Amor Hermoso. El amor redentor del Verbo encarnado debe convertirse para cada matrimonio y en cada familia en “fuente de agua viva en medio de un mundo sediento” (ib., 42). A todos vosotros, queridos profesores, alumnos de hoy y de ayer, a todo el personal, así como a las familias de vuestro Instituto, os expreso mis mejores deseos, que acompaño con una especial bendición apostólica.

Anuncios

AÑO 2015 – APARICIONES PÚBLICAS DEL PAPA EMÉRITO BENEDICTO XVI

AÑO 2015

APARICIONES PÚBLICAS

DEL PAPA EMÉRITO

BENEDICTO XVI

21 de Febrero de 2015

CONSISTORIO DE NUEVOS CARDENALES

Getty

Getty

Como ocurrió en el año 2014, Benedicto XVI realiza su primera aparición pública, en este año, en el Consistorio de los nuevos Cardenales. Fue un día muy especial para quienes realizamos este blog ya que, cuando parecía que ante nuestros ojos no volvería a ocurrir, tuvimos la gran suerte de ver al Papa Emérito, otra vez en la Basílica de San Pedro.

Recuerda la noticia: Consistorio de nuevos Cardenales 2015


4 de Julio de 2015

RECIBE DOS DOCTORADOS HONORIS CAUSA

foto_0000000820150704105628

Benedicto XVI es galardonado con un Doctor Honoris Causa de la Universidad Juan Pablo II y de la Academia Musical de Cracovia en Castelgandolfo. Es la privera vez desde su renuncia que pronuncia un discurso. En él habla sobre los lazos que le unen a Polonia y la importancia de San Juan Pablo II en su vida:

Me alegra sobre todo el hecho de que de esta manera se haya hecho todavía más profunda mi unión con Polonia, con Cracovia, con la patria de nuestro gran santo Juan Pablo II. Porque sin él mi camino espiritual y teológico no es siquiera imaginable.

“Vídeo Rome Reports en Español”

Recuerda la noticia:

Discurso de agradecimiento de Benedicto XVI

Benedicto XVI recibe dos Doctorados Honoris Causa


30 de Agosto de 2015

SANTA MISA CON SUS EX-ALUMNOS

1441029778369

Siguiendo la tradición de tantísimos años, el Papa Emérito oficiaba la Misa para poner fin al encuentro de sus ex-alumnos, los miembros del Schülerkreis. Esta Misa se celebraba en la iglesia del Santo Campo Teutónico en el Vaticano.

“VERDAD, AMOR Y BONDAD QUE VIENEN DE DIOS
HACEN AL HOMBRE PURO”

Recuerda la noticia: Benedicto XVI con sus ex-alumnos


8 de Diciembre de 2015

APERTURA DE LA PUERTA SANTA EN EL AÑO SANTO DE LA MISERICORDIA

Getty

Getty

Benedicto XVI está presente en la apertura de la Puerta Santa el día en que comienza el Año Santo de la Misericordia. El Papa Emérito, junto con su Secretario y Prefecto de la Casa Pontificia, Mons. D. Georg Gänswein, es el primero en cruzar la Puerta Santa, depués de que, Su Santidad, el Papa Francisco, terminara la ceremonia de apertura. Una vez más, el encuentro entre los dos Papas vuelve a ser conmovedor.

Recuerda la noticia: Apertura de la Puerta Santa en el Año Santo de la Misericordia

17/11/2005 – DISCURSO AL FINAL DE LA PROYECCIÓN DE LA PELÍCULA “JUAN PABLO II”

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
AL FINAL DE LA PROYECCIÓN
DE LA PELÍCULA “JUAN PABLO II”

Jueves 17 de noviembre de noviembre

“Vídeo en Inglés”

Señores cardenales;
queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
ilustres señores y señoras:

Me alegra dirigir a todos mi afectuoso saludo, al final del estreno mundial de la película sobre el Papa Juan Pablo II, realizado por la “Lux Vide” y la RAI, con la colaboración de otras televisiones europeas y de la CBS de Estados Unidos. Agradezco al director de la RAI y al presidente de la “Lux Vide”, así como a los responsables de las demás productoras, que nos hayan ofrecido la oportunidad de esta visión tan impresionante. Extiendo mi gratitud a los intérpretes y a cuantos han colaborado de diferentes modos en la realización de este largometraje, que honra la memoria de mi ilustre y amado predecesor. Dirijo un saludo cordial también a los que han querido participar en esta velada.

Getty

Getty

En el actual contexto mediático, la obra que hemos visto presta un servicio importante, conjugando las exigencias de divulgación con las de profundización. Efectivamente, a la vez que satisface una demanda generalizada en la opinión pública, ofrece una reconstrucción histórico-biográfica que, aun con los límites del canal de comunicación, contribuye a dar a las personas mayor conocimiento y certeza, estimulando además reflexiones y a veces interrogantes profundos. El guión de la película parte del atentado en la plaza de San Pedro y, después de una amplia retrospectiva sobre los años en Polonia, prosigue con el largo pontificado. Esto me ha hecho pensar en lo que Juan Pablo II escribió en su testamento a propósito del atentado del 13 de mayo de 1981 “La divina Providencia me salvó milagrosamente de la muerte. Aquel que es el único Señor de la vida y de la muerte me prolongó esta vida; en cierto sentido, me la dio de nuevo. A partir de ese momento le pertenece aún más a Él” (Testamento del Santo Padre Juan Pablo II, 17 de marzo de 2000, 2:  L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de abril de 2005, p. 6).

La visión de esta película ha renovado en mí, y pienso en cuantos han tenido el don de conocerlo, el sentido de profunda gratitud a Dios por haber dado a la Iglesia y al mundo un Papa de tan elevada talla humana y espiritual.

Sin embargo, más allá de toda valoración particular, considero que esta película constituye un ulterior testimonio, el enésimo, del amor que la gente siente, que todos nosotros sentimos, por el Papa Wojtyla y de su gran deseo de recordarlo, de volver a verlo, de sentirlo cerca. Más allá de los aspectos más superficiales y emotivos de este fenómeno, hay ciertamente una íntima dimensión espiritual, que nosotros aquí, en el Vaticano, constatamos cada día, viendo la multitud de peregrinos que van a rezar, o bien sólo a rendir un rápido homenaje a su tumba en la cripta vaticana.

Aquel vínculo afectivo y espiritual con Juan Pablo II, que se hizo estrechísimo en los días de su agonía y de su muerte, no se ha interrumpido. Ya no se ha roto, porque es un vínculo entre almas:  entre la gran alma del Papa y las almas de innumerables creyentes; entre su corazón de padre y los corazones de innumerables hombres y mujeres de buena voluntad, que en él han reconocido al amigo, al defensor del hombre, de la verdad, de la justicia, de la libertad y de la paz. En todas las partes del mundo, muchísimas personas han admirado en él sobre todo al testigo de Dios coherente y generoso.

Con estos sentimientos, expreso mis mejores  deseos para la difusión de la película, y de corazón os imparto a cada uno de vosotros aquí presentes y a vuestros seres queridos la bendición apostólica.

2003 – LA MIRADA AL ORIGEN. EL DIOS QUE SE ENTREGA A SÍ MISMO. PRESENTACIÓN DEL TRÍPTICO ROMANO DEL PAPA JUAN PABLO II

LA MIRADA AL ORIGEN

EL DIOS QUE SE ENTREGA A SÍ MISMO

PRESENTACIÓN DEL TRÍPTICO ROMANO

DEL PAPA JUAN PABLO II

AP

AP

La primera tabla del Tríptico romano del papa Juan Pablo II refleja la experiencia de la creación, de su belleza y dinamismo. En ella se adivinan las colinas boscosas, y también, y con más fuerza, la imagen de las aguas que corren hacia el valle, de la “plateada cascada del torrente, que cae ritmado del monte”. A este propósito acudieron a mi mente algunas frases escritas por Karol Wojtyla en 1976, cuando predicó los Ejercicios a Pablo VI y a la Curia. En ellos habla de un físico con el que había discutido largo tiempo y que al final le había dicho: “Desde el punto de vista de mi ciencia y de su método soy ateo…”. No obstante, en una carta este mismo hombre le escribió: “Cada vez que me encuentro ante la majestuosidad de la naturaleza, de los montes, siento que Él existe”. Ciertamente, la primera tabla del tríptico se detiene casi con timidez en el umbral. El Papa no habla aun directamente de Dios. Pero reza como se reza a un Dios todavía desconocido: “Permíteme asperjar los labios con agua de la fuente, percibir la frescura – frescura vivificante”. Hablado así, busca la fuente y recibe esta indicación: “Si quieres hallar la fuente, debes remontar la corriente”. En el primer verso de la meditación había dicho: “Seno de bosque desciende”; el bosque y las aguas habían indicado el movimiento de descenso. Pero la búsqueda de la fuente ahora le obliga a subir, a ir contra corriente.

LA MIRADA DEL ORIGEN

Creo que es esta precisamente la clave de lectura de las dos tablas siguientes. En efecto, ellas nos conducen a la subida “contra corriente”. La peregrinación espiritual hecha en este texto conduce hacia el “Principio”. Al llegar, la verdadera sorpresa es que el “inicio” desvela también el “fin”. El que conoce el origen, ve también el dónde y el porqué de todo el movimiento del ser, el cual es devenir, y precisamente por ello perdurar: “Todo perdura deviniendo perpetuamente”. El nombre de la fuente que descubre el peregrino es, ante todo, Verbo, según las palabras iniciales de la Biblia, es decir: “Dijo Dios”, que Juan retoma en su Evangelio reformulándolas de modo insuperable: “Al principio ya existía el Verbo”. Pero la verdadera palabra clave que resume la peregrinación de la segunda tabla del Tríptico no es “Verbo”, sino visión y ver. El Verbo tiene un rostro. El Verbo –la fuente- es una visión. Lo creado, el universo proviene de una visión. Y el hombre sale de una visión. Así pues, esta palabra clave conduce al Papa que medita sobre Miguel Ángel, a los frescos de la Capilla Sixtina, que tanto apreciaba. En las imágenes del mundo, Miguel Ángel descubre la visión de Dios; él ha visto, por así decir, con la mirada creadora de Dios y, a través de esta mirada ha reproducido en la pared, por medio de audaces frescos, la visión original de la que deriva toda realidad. En Miguel Ángel, que nos ayuda a redescubrir la visión de Dios en las imágenes del mundo, parece realizarse de modo ejemplar nuestro común destino. De Adán a Eva, que representan al ser humano en general, hombre y mujer, dice el Papa: “También ellos se hicieron partícipes de esta visión…”. Todo hombre está llamado a “reconquistar esta visión de nuevo”. El camino que lleva a la fuente es un camino para hacerse videntes: para aprender de Dios a ver. Entonces aparecen el principio y el fin. Entonces el hombre se vuelve justo.

Principio y fin –probablemente al Papa, que peregrina hacia el interior y hacia lo alto, el nexo existente entre ellos le ha resultado claro precisamente en la Capilla Sixtina, donde Miguel Ángel nos ha transmitido las imágenes del principio y el fin-, la visión y la creación y la imponente pintura del juicio final. La contemplación del Juicio universal, en el epílogo de la segunda tabla, es quizá la parte del Tríptico que más conmueve al lector. De los ojos interiores del Papa surge nuevamente el recuerdo de los cónclaves de agosto y octubre de 1978. Puesto que yo también me encontraba allí, sé perfectamente lo expuestos que estábamos a aquellas imágenes en las horas de la gran decisión, cómo nos interpelaban, cómo insinuaban en nuestra alma la grandeza de la responsabilidad. El Papa habla a los cardenales del futuro cónclave le impone el pensamiento de las llaves, de la herencia de las llaves entregadas a Pedro. Poner estas llaves en las manos adecuadas es la inmensa responsabilidad de aquellos días. Así se recuerdan las palabras de Jesús, los “ayes” que dirigió a los doctores de la ley: “Os habéis apoderado de la llave de la ciencia” (Lc 11,52). No quitar la llave, sino usarla para abrir a fin de que se pueda entrar por la puerta: esto es a lo que exhorta Miguel Ángel.

Pero volvamos al auténtico centro de la segunda tabla, es decir, a la mirada al “origen”. ¿Qué ve en ella el hombre? En la obra de Miguel Ángel el Creador aparece con los “rasgos de un ser humano”: se invierte la imagen y semejanza del hombre con Dios, de modo que pueda deducirse la humanidad de Dios, que hace posible representar al Creador. No obstante, la mirada que Cristo nos ha abierto conduce mucho más allá y muestra de modo inverso, partiendo del Creador, de los orígenes, quién es el hombre en realidad. El Creador –el origen- no es, como podría parecer en la pintura de Miguel Ángel, simplemente el “Todopoderoso Anciano”. Es más bien “comunión de personas…, un entregarse recíproco…”. Si al principio vimos a Dios partiendo del hombre, ahora aprendemos a ver al hombre partiendo de Dios: un entregarse recíproco –a esto está destinado el hombre-; si logra encontrar el camino para llegar a esto, entonces refleja la esencia de Dios y por tanto desvela el nexo entre el principio y el fin.

EL DIOS QUE SE ENTREGA A SÍ MISMO

El inmenso arco, que es la verdadera visión del Tríptico romano, se revela claramente en la tercera tabla, la subida de Abrahán e Isaac al monte Moria, el monte del sacrificio, del darse sin reservas. La subida es la última y decisiva fase del camino de Abrahán, camino iniciado con la salida de su patria, Ur de los Caldeos, la fase fundamental en la subida hacia la cima, contra corriente, hacia la fuente, que es también la meta. En el diálogo inagotable entre padre e hijo, hecho de pocas palabras y de llevar juntos, en silencio, el misterio de estas palabras, se reflejan todas las preguntas de la historia, su sufrimiento, sus miedos y esperanzas. Al fin emerge que este diálogo entre padre e hijo, contra Abrahán e Isaac, es el diálogo en Dios mismo, el diálogo entre el Padre eterno y su Hijo, el Verbo, y que este diálogo eterno representa al mismo tiempo también la respuesta a nuestro diálogo humano inacabado. En efecto, al fin está la salvación de Isaac, el cordero –signo misterioso del Hijo, que se hace Cordero y víctima sacrificial, desvelándonos así el verdadero rostro de Dios: ese Dios que da a sí mismo, que es enteramente don y amor, hasta el extremo, hasta el fin (cf Jn 13,1)-. Así, precisamente en este concretísimo evento de la historia, que tanto parece alejarnos de las grandes visiones de la creación de la primera tabla del Tríptico, aparece evidente el origen y el fin de todo, el nexo entre descenso y subida, entre fuente, camino y meta: se hace reconocible el Dios que se entrega a sí mismo, que es a la par principio, camino y meta. Este Dios se trasluce en la creación y en la historia. Nos busca en nuestros sufrimientos y en nuestros interrogantes, qué es lo que significa ser hombres: darse en el amor, cosa que nos hace semejantes a Dios. A través del camino del Hijo en el monte del sacrificio se desvela “el misterio escondido desde el comienzo del mundo”. El amor que da es el misterio original y, amándonos también a nosotros, comprendemos el mensaje de la creación, encontramos el camino.

16/10/2005 – ENTREVISTA A LA TELEVISIÓN POLACA

ENTREVISTA DEL PAPA BENEDICTO XVI A LA TELEVISIÓN POLACA

Domingo 16 de octubre de 2005

“Vídeo en Italiano”

Gracias de todo corazón, Padre Santo, por habernos concedido esta breve entrevista, con ocasión de la Jornada del Papa que se celebra en Polonia.

El 16 de octubre de 1978, el Card. Karol Wojtyla se convirtió en Papa y desde aquel día en Juan Pablo II, durante más de 26 años, como Sucesor de San Pedro, y como Usted ha dicho, ha guiado a la Iglesia junto con los obispos y los cardenales. Entre los cardenales estaba también Vuestra Santidad, persona singularmente apreciada y estimada por su predecesor; persona de la que el pontífice Juan Pablo II escribió en el libro «Alzaos y vamos» – y aquí cito – «Doy gracias a Dios por la presencia y la ayuda del cardenal Ratzinger. Es un amigo seguro», ha escrito Juan Pablo II.

Santo Padre ¿cómo comenzó esta amistad y cuándo conoció Su Santidad al cardenal Karol Wojtyla?

R: Personalmente le conocí sólo en los dos pre-cónclaves y cónclaves de 1978. Naturalmente había oído hablar del cardenal Wojtyla, al principio sobre todo en el contexto de la correspondencia entre los obispos polacos y alemanes en el 65. Los cardenales alemanes me han informado del enorme mérito y la contribución del arzobispo de Cracovia, que era el alma de esta correspondencia realmente histórica. Había oído también hablar a mis amigos universitarios sobre su filosofía y su gran figura como pensador. Pero, como he dicho, el primer encuentro personal tuvo lugar en el cónclave del 78. Desde el comienzo he sentido una gran simpatía por él y, gracias a Dios, el cardenal de aquel tiempo me otorgó desde el principio su amistad, inmerecida por mi parte. Estoy agradecido por la confianza que me dio, sin mérito mío alguno. Sobre todo, viéndole rezar, comprendí, no sólo vi, que era un hombre de Dios. Esta era la impresión fundamental: un hombre que vive con Dios, más aún en Dios. Además me ha impresionado la cordialidad, sin prejuicios, con la que se ha encontrado conmigo. En estos encuentros del pre-cónclave de los cardenales tomó la palabra en diversas ocasiones y ahí tuve también la posibilidad de percibir su estatura de pensador. Sin grandes palabras así surgió una amistad, desde el corazón y, nada más producirse su elección, el Papa me llamó en diversas ocasiones a Roma para charlar y al final me nombró Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

P: ¿Por lo tanto no fue una sorpresa el nombramiento, ni su convocación a Roma?

R: Para mí era un poco difícil, porque desde el comienzo de mi episcopado en Munich, con la solemne consagración como obispo en la catedral de Munich, era para mí una obligación, casi un matrimonio con esta diócesis y habían subrayado que desde hacía varios decenios yo era el primer obispo originario de la diócesis. Me sentía, por tanto, muy obligado y ligado con esta diócesis. Además existían problemas difíciles que todavía no habían sido resueltos y no quería dejar a la diócesis con ellos. De todo esto hablé con el Santo Padre con gran apertura, y con esa confianza que tenía el Santo Padre, que era muy paterno conmigo. Me dio tiempo para reflexionar y él mismo también lo quería pensar. Al final me convenció, porque esa era la voluntad de Dios. Así pude aceptar esa llamada y esa gran responsabilidad, nada fácil, que de por sí superaba mis capacidades. Pero con la confianza en la paterna benevolencia del Papa y con la guía del Espíritu Santo, pude decir que sí.

P: Esta experiencia duró más de 20 años…

R: Sí, llegué en febrero de 1982 y ha durado hasta la muerte del Papa en el 2005.

P: ¿Cuáles son, según usted, Santo Padre, los puntos más significativos del Pontificado de Juan Pablo II?

R: Yo diría que podemos tener dos puntos de vista: uno ad extra —al mundo— y uno ad intra —a la Iglesia—. Respecto del mundo, me parece que el Santo Padre, con sus discursos, su persona, su presencia, su capacidad de convencer, ha creado una nueva sensibilidad hacia los valores morales, a la importancia de la religión en el mundo. Esto ha hecho que se crease una nueva apertura, una nueva sensibilidad para los problemas de la religión, para la necesidad de la dimensión religiosa del hombre y, sobre todo, ha crecido —de forma inimaginable— la importancia del obispo de Roma. Todos los cristianos han reconocido —no obstante las diferencias y no obstante su no reconocimiento del sucesor de Pedro–– que él es el portavoz de la cristiandad.
Nadie más que él, a nivel mundial, puede hablar así en nombre de la cristiandad y dar voz y fuerza, en la actualidad del mundo, a la realidad cristiana. Pero también para los no cristianos y para las otras religiones, él fue el portavoz de los grandes valores de la humanidad. También hay que mencionar que consiguió crear un clima de diálogo entre las grandes religiones y un sentido de responsabilidad común que todos tenemos para con el mundo, pero que también las violencias y las religiones son incompatibles y que juntos hemos de buscar el camino para la paz, en una responsabilidad común hacia la humanidad. Traslademos la atención ahora hacia la situación de la Iglesia. Debo decir, ante todo, que supo entusiasmar a la juventud con Cristo. Esto es nuevo si pensamos en la juventud del 68 y de los años setenta. Que la juventud se haya entusiasmado por Cristo y por la Iglesia y también por valores difíciles sólo podía conseguirlo una personalidad con aquel carisma; sólo él podía movilizar a la juventud del mundo por la causa de Dios y por el amor de Cristo, de la manera como él lo hizo. En la Iglesia ha creado ––pienso– un nuevo amor por la Eucaristía. Estamos todavía en el Año de la Eucaristía, querido por él, con tanto amor; ha dado un nuevo sentido a la grandeza de la Misericordia Divina; y también ha profundizado mucho en el amor a la Virgen y nos ha guiado así hacia una interiorización de la fe y, al mismo tiempo, a una mayor eficacia. Es necesario mencionar naturalmente, como todos sabemos, lo esencial que ha sido también su contribución a los grandes cambios del mundo en el año 89, por la caída del así llamado socialismo real.

P: ¿A lo largo de sus encuentros personales y de los coloquios con Juan Pablo II, cual fue lo que más impactó a Vuestra Santidad? ¿Podría contarnos sus últimos encuentros, tal vez de este año, con Juan Pablo II?

R: Sí. Los últimos dos encuentros los tuve, el primero, en el Policlínico Gemelli, en torno al 5-6 de febrero; y el segundo, el día anterior a su muerte, en su habitación. En el primer encuentro el Papa sufría visiblemente, pero estaba totalmente lúcido y muy presente. Yo había ido sólo para un encuentro de trabajo, porque necesitaba alguna decisión suya. El Santo Padre, aunque sufriendo, seguía con gran atención cuanto le decía. Me comunicó en pocas palabras sus decisiones, me dio su bendición, me saludó en alemán, concediéndome toda su confianza y amistad. Para mi fue muy conmovedor ver, por una parte, cómo su sufrimiento estaba unido al Señor sufriente, cómo llevaba su sufrimiento con el Señor y por el Señor; y, por otra parte, ver cómo resplandecía su serenidad interior y su completa lucidez. El segundo encuentro fue el día antes de que muriera: estaba, obviamente, más dolorido, se notaba, rodeado de médicos y amigos. Estaba todavía muy lucido y me dio su bendición. Ya no podía hablar mucho. Para mi, esta paciencia suya en el sufrir, ha sido una gran enseñanza, sobre todo el llegar a ver y sentir cómo estaba en las manos de Dios y cómo se abandonaba a su voluntad. A pesar de los dolores visibles, estaba sereno, porque estaba en las manos del Amor Divino.

ratzingerganswein juan pablo ii benedicto XVI

P: Usted, Santo Padre, en sus discursos evoca a menudo la figura de Juan Pablo II, y de Juan Pablo II dice que era un gran Papa, un llorado y venerado predecesor. Siempre recordamos las palabras de Su Santidad, pronunciadas en la Misa del 20 de abril pasado, palabras dedicadas justamente a Juan Pablo II. Ha sido Usted, Santo Padre, quien dijo —y aquí cito— “parece como si él me tuviera agarrado fuerte de la mano, veo sus ojos sonrientes y escucho sus palabras, que en aquel momento me dirige a mí de forma particular: “¡no tengas miedo!”. Santo Padre, por fin una pregunta muy personal ¿sigue sintiendo usted la presencia de Juan Pablo II? Y si es así, ¿de qué manera?

R: Ciertamente. Comienzo respondiendo a la primera parte de su pregunta. En un principio, hablando de la herencia del Papa, había olvidado hablar de tantos documentos que nos ha dejado —14 encíclicas, muchas Cartas Pastorales y otros muchos— y todo esto representa un patrimonio riquísimo que todavía no ha sido suficientemente asimilado en la Iglesia. Considero justamente una misión esencial y personal mía el no producir tantos documentos nuevos como el conseguir que aquellos documentos sean asimilados, porque son un tesoro riquísimo, son la auténtica interpretación del Vaticano II. Sabemos que el Papa era el hombre del Concilio, que había asimilado interiormente el espíritu y la letra del Concilio y con estos textos nos hace comprender qué es lo que realmente quería y no quería el Concilio. Nos ayuda a ser verdaderamente Iglesia de nuestro tiempo y del tiempo venidero. Ahora vengo a la segunda parte de su pregunta. El Papa me resulta siempre cercano a través de sus textos: le oigo y le veo hablar, y puedo estar en diálogo continuo con el Santo Padre porque con estas palabras habla siempre conmigo, conozco también el origen de muchos textos, recuerdo los diálogos que tuvimos sobre cada uno de ellos. Puedo continuar el diálogo con el Santo Padre. Naturalmente esta cercanía a través de las palabras es una cercanía no sólo de textos sino con la persona, más allá de los textos escucho al Papa mismo. Un hombre que va con el Señor no se aleja: cada vez siento más que un hombre que va con el Señor se acerca todavía más y siento que con el Señor está cercano a mí, en cuanto yo estoy cercano al Señor, estoy cercano al Papa y él ahora me ayuda a estar cercano al Señor y trato de entrar en su atmósfera de oración, de amor al Señor, de amor a la Virgen y me encomiendo a sus oraciones. Hay así un diálogo permanente y también un estar cerca, de una forma nueva, pero de una forma muy profunda.

P: Padre Santo ahora le esperamos en Polonia. Tanta gente pregunta ¿cuándo vendrá el Papa a Polonia?

R: Sí, tengo intención de venir a Polonia, si Dios quiere, si el tiempo me lo permite. He hablado con Mons. Dziwisz respecto a la fecha, y me dicen que el mes de junio sería el periodo más apropiado. Naturalmente todo está por organizar con las instancias competentes. En este sentido es una palabra provisional, pero parece que posiblemente el próximo junio pueda venir a Polonia, si el Señor me lo concede.

Santo Padre, en nombre de todos los telespectadores, le agradezco de corazón esta entrevista. Gracias, Padre Santo.

Gracias a usted.

A %d blogueros les gusta esto: