Archivo del sitio

FELIZ AÑO NUEVO 2016!!!

Desde nuestro blog, que día a día se hace con el mayor cariño y respeto, os deseamos un muy buen año 2016, en donde nos proponemos el siguiente propósito:

SONREIR… SONREIR Y ALEJAR EL MIEDO DE NUESTRAS VIDAS

¡¡¡FELIZ AÑO 2016!!!

FELIZ AÑO 2016 PAPA BENEDICTO GANSWEIN

facebook pq

FELIZ NAVIDAD 2015

Os deseamos desde nuestro blog, que la gracia de este día, cubra vuestros corazones, que el significado de la Navidad, sepa leer vuestras acciones y por supuesto mucha FELICIDAD, una felicidad que implica la celebración de un HECHO, el más importante… EL NACIMIENTO DEL JESÚS…

Queremos felicitar de una manera muy especial a nuestro querido Papa Emérito y a Monseñor Gänswein

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

FELIZ NAVIDAD 2015 RATZINGER

DEJAROS TOCAR POR LA MELODIA DE LA VIDA

FELIZ NAVIDAD 2015 MONSEÑOR GANSWEIN

QUE LA MIRADA EN ESTAS FIESTAS SE TORNE DE TERNURA HACÍA LOS DEMÁS.

CALENDARIO 2016 – RATZINGERGANSWEIN

Os mostramos el calendario que hemos realizado para el año 2015. Está en formato A3 y lo podéis tener simplemente imprimiendolo.

Esperamos que os guste

PORTADA-2016-PQ

ENERO-PQFEBRERO-PQMARZO-PQ

ABRIL-PQMAYO-PQJUNIO-PQ

JULIO-PQAGOSTO-PQSEPTIEMBRE-PQ

OCTUBRE-PQNOVIEMBRE-PQDICIEMBRE-PQ

VIDA, ORACIÓN Y TEOLOGÍA EN LOS ESCRITOS DE JOSEPH RATZINGER – BENEDICTO XVI (POR PABLO BLANCO SARTO)

VIDA, ORACIÓN Y TEOLOGÍA

EN LOS ESCRITOS DE JOSEPH RATZINGER-BENEDICTO XVI

Por Pablo Blanco Sarto

Don Pablo Blanco

Don Pablo Blanco

         Múnich, 1947. En la más dura posguerra. Como el centro de la ciudad –universidad incluida– se encontraba en ruinas, los profesores y estudiantes de teología tuvieron que irse a las afueras. Fürstenried, una finca que había pertenecido a la familia real bávara, era ahora un complejo con múltiples dependencias (hospital, casa de ejercicios espirituales, seminario para vocaciones tardías, escuela de magisterio), donde tenía cabida también la presencia femenina, «con lo que esta renuncia [se refiere al celibato] tenía unas manifestaciones muy prácticas» , explicaba Ratzinger. ¿Se había enamorado? Joseph tenía sus dudas: se debatía además en primer lugar entre dedicarse al trabajo pastoral en una parroquia o al trabajo académico como profesor de teología. Las objeciones le asaltaban, iban y venían:

         A esto se unía la duda de si iba a ser capaz de vivir el celibato, de estar soltero de por vida. La universidad estaba, por aquel entonces, medio en ruinas, por lo que no teníamos un edificio propio para la facultad de teología. […] Aquello hacía que la convivencia –no solo entre alumnos y profesores, sino entre alumnos y alumnas– fuera muy estrecha; así que la tentación de dejarlo todo y seguir los designios del corazón era casi diaria. Solo podía pensar en estas cosas al pasear por aquellos espléndidos jardines del Fürstenried. Pero también, como es natural, al hacer largas horas de oración en la capilla.

  1. Una aproximación biográfica

         Cuatro años más tarde, recién ordenado sacerdote, trabajaba como joven vicario en la parroquia muniquesa de Heilig Blut. Tuvo allí su primera experiencia docente. Refiriéndose a las clases que impartía a los niños y jóvenes, recuerda: «De todas mis obligaciones pastorales, era lo que más tiempo me llevaba; disfrutaba mucho con aquellas clases porque enseguida comprobé que tenía facilidad para relacionarme con los niños. Fue una experiencia muy interesante para mí dejar en mundo intelectual para, de pronto, dirigirme a los niños». […] Además de celebrar la eucaristía y predicar con fuerza, Vater Joseph a veces cantaba y tocaba el armonio cuando celebraban otros sacerdotes, asistía a los funerales a los que acudía en bicicleta o hacía excursiones con los niños de la parroquia. Una foto lo muestra en un lago, rodeado de niños y vestido con un elegante clergyman, mientras unos muchachos se bañan en el lago de Haarsee. Una niña todavía conserva una poesía escrita por el joven vicario, con un aire decididamente teresiano:

TO GO WITH AFP STORIES ABOUT THE POPE'S VISIT IN GERMANYFILES - Picture taken in 1951 shows the family of Josef Ratzinger (up, R) in Freising, Bavaria, after the ordination of himself and his brother Georg (up L). Germany's Cardinal Joseph Ratzinger was elected the 265th pope of the Roman Catholic Church on 19 April 2005 and took the name Benedict XVI. Bottom row : his sister Maria, his Mother Maria and his father Josef. AFP PHOTO HO

         Solo Dios basta:

         lo que el corazón ama más,

         lo que quiere con ansia abrazar,

         lo que quiere alcanzar,

         es una chispa sin más

         que una pista nos alcanza:

         es él quien todo esto nos da.

         Solo Dios basta

         – Recuerdo de tu profesor de religión.

  1. Teología y oración

[…]

  1. Un papa en oración

48329490--644x965

¡Queridos amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno. […] Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas; sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.

Son palabras al inicio de su pontificado, y un encuentro mejor definición de oración que esta. En una conferencia pronunciada por el cardenal Camillo Ruini en marzo de 2009, recordaba los cuatro principales ejes del pontificado de Benedicto XVI: Dios, oración, razón y ética. La primera y mayor prioridad era Dios mismo, ese Dios que con demasiada facilidad es puesto al margen de nuestra vida, orientada al placer y al consumo, al “hacer” del cientifismo y del tecnicismo y al gozar-consumir: «El primer esfuerzo del pontificado –afirmaba Ruini– es entonces reabrir la senda a Dios, pero no haciéndose dictar la agenda por los que no creen en Dios y cuentan solamente con ellos mismos. Al contrario, la iniciativa pertenece a Dios y esta iniciativa tiene un nombre, Jesucristo». Por eso uno de los centros neurálgicos de este pontificado –según el cardenal romano– se dará en el encuentro con Jesucristo. Llegamos así –continuaba– a la segunda prioridad del pontificado: la oración. No solo la personal, sino también y sobre todo la oración “en el” y “del” pueblo de Dios y cuerpo de Cristo, es decir, la oración litúrgica de la Iglesia. […] Podemos agregar que hoy es el centro de su pontificado».

[…] En la que es –en mi opinión– la obra de su vida [JdN], aparece un capítulo titulado «La oración de Jesús», en el que es comentado el padrenuestro. Allí nos desvela el motivo por el que Jesucristo –siendo Dios– se dirige al Padre en oración: “Puesto que ser hombre significa esencialmente relación con Dios, está claro que incluye hablar con Dios y el escuchar a Dios”. Establece, según el modelo de toda oración cristiana en la oración de Jesús, las condiciones en la que esta ha de desarrollarse: «La oración no ha de ser una exhibición ante los hombres; requiere esa discreción que es esencial a una relación de amor. […] Esta discreción esencial de la oración no excluye la dimensión comunitaria: el mismo padrenuestro es una oración en primera persona del plural, y solo entrando a formar parte del “nosotros” de los hijos de Dios podemos traspasar los límites de este mundo y elevarnos hasta Dios». Otra forma contra la que nos pone en guardia el Señor es la palabrería, la «verborrea en la que se ahoga el Espíritu». Lo decisivo es que la oración llegue al centro de nuestra vida, de nuestro día, de nuestra existencia. Entonces será oración real:

         […] La oración nos hace fuertes y mejores; tiene que estar arraigada en la vida misma, con sus luchas, angustias y esperanzas. Y cita allí de nuevo a san Benito: Mens nostra concordet voci nostrae: que nuestro pensamiento sea concorde con nuestras palabras. Sin embargo, será en el volumen dedicado a la Pascua del Señor , donde son desarrolladas dos de los momentos de diálogo con el Padre mejor relatados en los evangelios: la oración sacerdotal en la última Cena y la oración en el Huerto de los olivos. En coherencia con lo que acaba de hacer (lavar los pies de sus discípulos) y con lo que va a hacer (dejarnos su Cuerpo y su Sangre, morir en la cruz), pronuncia las palabras en la última Cena donde nos entrega su testamento. Aquí la palabra se va a convertir en rito de expiación y, por medio de él, en realidad, en presencia real: «La oración sacerdotal de Jesús es la puesta en práctica del día de la Expiación, es, por decirlo así, la fiesta siempre accesible de la reconciliación de Dios con los hombres. […] En el coloquio de Jesús con el Padre, el rito del día de la Expiación se transforma en plegaria». En Getsemaní, modelo de oración para todo cristiano, Jesús acepta la voluntad del Padre:        […]

         San Agustín compara la meditación sobre los misterios de Dios a la asimilación del alimento y usa un verbo recurrente en toda la tradición cristiana: «rumiar»; los misterios de Dios deben resonar continuamente en nosotros mismos para que nos resulten familiares, guíen nuestra vida, nos nutran como sucede con el alimento necesario para sostenernos. Y san Buenaventura, refiriéndose a las palabras de la sagrada Escritura dice que «es necesario rumiarlas para que podamos fijarlas con ardiente aplicación del alma». Así pues, meditar quiere decir crear en nosotros una actitud de recogimiento, de silencio interior, para reflexionar, asimilar los misterios de nuestra fe y lo que Dios obra en nosotros; y no sólo las cosas que van y vienen.

         Rumiar en presencia de Dios es considerar las cosas «en su corazón», rumiar aquello que nos desconcierta, que nos “descoloca”. Esta relación personal –de tú a tú– con Dios comporta cambios para la persona. La oración nos cambia la vida: hemos de encontrar en ella sorpresas, imprevistos, cambios de planes. «De Jesús aprendemos a interpretar nuestra vida, a tomar nuestras decisiones, a reconocer y acoger nuestra vocación, a descubrir los talentos que Dios nos ha dado, a cumplir cada día su voluntad, único camino para realizar nuestra existencia».

         Así hará Benedicto XVI hasta el último momento de su pontificado: renunció a seguir gobernando la Iglesia, pero no a lo que él consideraba algo prioritario: a la oración. «En este momento de mi vida», indicó el papa Ratzinger, «el Señor me llama a “subir a al monte”, a dedicarme todavía más a la oración y a la meditación. Pero esto no significa abandonar a la Iglesia, es más, si Dios me pide justamente esto es para que pueda continuar sirviéndola con la misma dedicación y el mismo amor con el que lo he hecho hasta ahora, pero de una forma más adecuada con mis fuerzas». Benedicto XVI destacó que de este pasaje del evangelio podemos aprender «la primacía de la oración, sin la cual todo el empeño del apostolado y de la caridad se reduce a activismo». Al concluir sus palabras, el entonces casi papa emérito agradeció el sol que había salido en Roma, pues hasta hacía algunas horas el tiempo era incierto: en gran parte de la península itálica dominaba la nieve y el frío.

«Gracias, agradezcamos al Señor por este sol que nos regala».

17/09/2015 – “YO SOLO PUEDO REZAR”, LE DIJO BENEDICTO XVI A VITTORIO MESSORI

Son viejos amigos y le recibió en visita privada

«Yo sólo puedo rezar», le dijo Benedicto XVI a Vittorio Messori tras oír su visión de la Iglesia

579070_2972040392289_2043527536_n1

La mañana del miércoles 9 de septiembre, en la Puerta de Santa Ana del Vaticano, subí a un coche con el que un oficial de la Guardia Suiza, circulando por el laberinto de avenidas de los célebres jardines, me llevó al Monasterio llamado de Maria Mater Ecclesiae. Como saben, éste es el lugar elegido por el Papa emérito para vivir orando y estudiando después de su clamorosa renuncia. Una de las cuatro Memores Domini (la familia religiosa inspirada por don Luigi Giussani) que cuidan a Benedicto XVI me dio la bienvenida y me hizo pasar a un salón del primer piso desde el que se ve toda la Cúpula. Unos minutos más tarde, subí en ascensor y me encontré ante un Benedicto XVI solo, sonriente, esperándome en el umbral de su estudio.

Amigos que se ven poco

Mi colaboración profesional primero y la posterior amistad con Joseph Ratzinger se remonta a principios de los años ochenta cuando, juntos, preparamos ese Informe sobre la fe que escandalizó a toda la Iglesia. A partir de entonces nos vimos bastante a menudo. Pero cuando fue elegido Papa respeté sus opresivos compromisos, no pedí audiencia y sólo le vi una vez cuando él mismo quiso verme después de la publicación de Por qué creo, el libro que acababa de escribir con Andrea Tornielli.

Luego respeté su retiro pero es obvio que la invitación, que me llegó a través de su secretario, para volvernos a ver y hablar entre nosotros, en confianza, me ha causado inmenso placer. Desde que me llegó esta invitación pensé que era mi deber no ponerle en una situación incómoda con preguntas de periodista indiscreto, como su relación con su sucesor o los “verdaderos” motivos de su renuncia. Por lo tanto, pido que se abstengan los habituales amantes de intrigas y conspiraciones que piensen que detrás de este encuentro haya “vete a saber qué motivo”.

El espíritu, presto; la carne, enferma

Mientras me inclinaba para besarle la mano (como requiere una tradición que respeto, sobre todo desde que se intenta reducir el papel y la figura del Supremo Pontífice), Su Santidad me puso una mano sobre la cabeza, otorgándome una bendición que acogí como un gran don. Con la otra mano se apoyaba en un andador con ruedas; ya no puede pasear con su secretario por los jardines. Su capacidad para moverse está tan limitada que para salir tiene que utilizar una silla de ruedas, mientras que en casa deambula sólo pocos metros apoyándose en el andador. Se puede adivinar la delgadez del cuerpo bajo la túnica blanca.

En cambio, el rostro no demuestra en absoluto sus casi 90 años: es el rostro de siempre, de eterno muchacho, al que le hace de contraste la corona de cabellos blancos y la vivacidad de sus ojos claros. En resumen, “hermoso”, como siempre ha sido su rostro. Y hermosas son también su lucidez intelectual y la atención que presta al interlocutor. Spiritus promptus, caro infirma: la cita viene a la mente espontáneamente estando al lado de este “espíritu” prisionero de una “carne” que ya se fatiga llevándolo.

Sentados en el borde de dos sillones cercanos -para obviar, acercándonos, una disminución de su oído-, hablamos durante más de una hora. Como he dicho antes, no he planteado preguntas evidentes y demasiado fáciles. En cambio, él planteó muchas. Me escuchó con atención cuando, por petición suya, intenté hacerle una síntesis de la situación eclesial tal como la veo yo. Al final dijo: “Yo únicamente puedo rezar”.

messori_ratzinger_new_906283

Todo el día rezando

Sin embargo, le pedí que nos haga un regalo: un De Senectute de ciceroniana memoria pero, obviamente, desde una perspectiva cristiana; es más, católica, en la que él mismo narre su experiencia de vejez, a menudo dolorosa, y la apertura al Más Allá, sobre la verdadera vida que nos espera a todos. Una ocasión preciosa para afrontar el tema de esos Novísimos que han sido eliminados por una Iglesia preocupada solamente en el bienestar para todos en esta vida, más que en la salvación eterna.

Sacudió la cabeza y me replicó: “Sería algo precioso; varias veces he denunciado este olvido de la muerte, esta eliminación del Más Allá con lo que nos espera ´después´. Pero Usted sabe que estoy acostumbrado a razonar como teólogo, a filtrar la realidad a través de las categorías filosóficas; por consiguiente, no podría escribir nada a no ser que lo hiciera de este modo. De todas formas, me faltan las fuerzas para realizar una tarea como esta”. Y después: “Mi deber hacia la Iglesia y el mundo intento hacerlo con una oración que ocupa toda mi jornada”. ¿Oración mental o verbal, Santidad? se me ocurrió, tal vez banalmente, preguntarle. Su respuesta fue inmediata: “Verbal sobre todo: el rosario completo, con sus tres coronas; después los salmos, las oraciones escritas por los santos y los pasajes bíblicos y las invocaciones del breviario”. La oración mental se la proporcionan sus muchas lecturas de textos de espiritualidad, que se unen a los de teología y de exégesis bíblica.

Pero déjenme decirlo, desafiando la sospecha de vanidad por mi parte: quiso darme las gracias por un libro en particular, esa investigación sobre la pasión de Cristo –¿Padeció bajo Poncio Pilato?– que no sólo cita, sino que recomienda en sus dos primeros volúmenes sobre la trilogía dedicada a Jesús y publicada cuando ya era pontífice. Obviamente, como autor, me ha causado felicidad; no sólo por mí, sino también por esa apologética demonizada después del Concilio hasta el punto de borrar su nombre en los seminarios (“Teología fundamental” es el nombre que le ha dado lo clericalmente correcto), pero que es indispensable para eso sobre lo que Ratzinger ha insistido siempre, primero como teólogo y después como Papa, es decir, como custodio supremo de la fe, a saber: la posibilidad y la necesidad de no poner en contraste sino en mutua colaboración la razón y la fe, el intelecto y la devoción.

Hemos hablado de otros temas pero, respecto a estos, es necesaria una obligada discreción. Tengo que añadir -con una sonrisa ironica, dirigida a quienes siguen pensando en un encuentro turbio entro conjurados– que a pesar de que ya había llegado la hora de la comida, incluso se había pasado, no llegó ninguna invitación a comer. Me han dicho que Benedicto XVI come poquísimo (“como un gorrión”) y solo, viendo de vez en cuando el telediario; es decir, raramente tiene comensales.

En resumen, lo que tengo que decir aquí ciertamente no es clamoroso. Si he pensado escribir sobre ello es para consolar a los lectores: justo al lado de la tumba de Pedro hay un anciano admirable que durante ocho años ha guiado la Iglesia y que ahora no tiene otra preocupación que rezar por ella. Con compromiso, pero sin angustia. Es decir, sin olvidarse jamás de que los Papas pasan pero la Iglesia se queda y que hasta el final de la historia resonará la exhortación de su verdadera Cabeza y Cuerpo a nosotros, pusilánimes: “No temáis, pequeño grey, esta barca no se hundirá y a pesar de las tempestades, permanecerá a flote hasta mi vuelta”.

Artículo publicado en La Nuova Bussola Quotidiana.
Traducción de Helena Faccia Serrano, para Religión en Libertad

A %d blogueros les gusta esto: