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04/02/2007 – ÁNGELUS

BENEDICTO XVI

ÁNGELUS

Pope Benedict XVI addresses pilgrims gat

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Domingo 4 de febrero de 2007

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy se celebra en Italia la Jornada por la vida, promovida por la Conferencia episcopal sobre el tema:  “Amar y desear la vida”. Saludo cordialmente a todos los que se han reunido en la plaza de San Pedro para testimoniar su compromiso en apoyo de la vida, desde la concepción hasta su fin natural. Me uno a los obispos italianos para renovar el llamamiento hecho en numerosas ocasiones también por mis venerados predecesores a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a fin de que acojan el grande y misterioso don de la vida.

La vida, que es obra de Dios, no se debe negar a nadie, ni siquiera al más pequeño e indefenso de los niños por nacer, mucho menos cuando tiene graves discapacidades. Al mismo tiempo, haciéndome eco de los pastores de la Iglesia que está en Italia, invito a no caer en el engaño de pensar que se puede disponer de la vida hasta el punto de “legitimar su interrupción con la eutanasia, quizá disfrazándola con un velo de piedad humana”.

En nuestra diócesis de Roma comienza hoy la “Semana de la vida y de la familia”, ocasión importante para orar y reflexionar sobre la familia, que es “cuna” de la vida y de toda vocación. Sabemos bien que la familia fundada en el matrimonio constituye el ambiente natural para el nacimiento y la educación de los hijos y, por tanto, para garantizar el futuro de toda la humanidad. Pero sabemos también que está marcada por una profunda crisis y hoy debe afrontar múltiples desafíos.

Por tanto, es preciso defenderla, ayudarla, tutelarla y valorarla en su unicidad irrepetible. Aunque este compromiso corresponde en primer lugar a los esposos, también es un deber prioritario de la Iglesia y de todas las instituciones públicas sostener a la familia con iniciativas pastorales y políticas que tengan en cuenta las necesidades reales de los cónyuges, de los ancianos y de las nuevas generaciones.

Asimismo, un clima familiar sereno, iluminado por la fe y por el santo temor de Dios, favorece el nacimiento y el florecimiento de vocaciones al servicio del Evangelio. No sólo me refiero a los que están llamados a seguir a Cristo en el camino del sacerdocio, sino también a todos los religiosos, las religiosas y las personas consagradas, que recordamos el viernes pasado en la “Jornada mundial de la vida consagrada”.

Queridos hermanos y hermanas, oremos para que, con un esfuerzo constante en favor de la vida y de la institución familiar, nuestras comunidades sean lugares de comunión y de esperanza donde se renueve, aun en medio de tantas dificultades, el gran “sí” al amor auténtico y a la realidad del hombre y de la familia según el proyecto originario de Dios.

Pidamos al Señor, por intercesión de María santísima, que crezca el respeto por el carácter sagrado de la vida, se tome cada vez mayor conciencia de las verdaderas exigencias familiares y aumente el número de quienes contribuyen a realizar en el mundo la civilización del amor.


Después del Ángelus

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española aquí presentes, así como a los que participan en esta oración mariana a través de la radio y la televisión. Pidamos a la Virgen María que nos ayude a responder con generosidad a la llamada de Cristo, para que lleguemos a ser verdaderos apóstoles y testigos del evangelio de la salvación para todos los hombres. ¡Feliz domingo!

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03/02/2007 – DISCURSO CON MOTIVO DEL 60 ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA «PROVIDA MATER ECCLESIA»

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
CON MOTIVO DEL 60 ANIVERSARIO
DE LA CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA
«PROVIDA MATER ECCLESIA»

Pope Benedict XVI smiles during his week

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Sala Clementina
Sábado 3 de febrero de 2007

Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra estar hoy entre vosotros, miembros de los institutos seculares, con quienes me encuentro por primera vez después de mi elección a la Cátedra del apóstol san Pedro. Os saludo a todos con afecto. Saludo al cardenal Franc Rodé, prefecto de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, y le agradezco las palabras de filial devoción y cercanía espiritual que me ha dirigido, también en nombre vuestro.

Saludo al cardenal Cottier y al secretario de vuestra Congregación. Saludo a la presidenta de la Conferencia mundial de institutos seculares, que se ha hecho intérprete de los sentimientos y de las expectativas de todos vosotros, que habéis venido de diferentes países, de todos los continentes, para celebrar un Simposio internacional sobre la constitución apostólica Provida Mater Ecclesia.

Como ya se ha dicho, han pasado sesenta años desde aquel 2 de febrero de 1947, cuando mi predecesor Pío XII promulgó esa constitución apostólica, dando así una configuración teológico-jurídica a una experiencia preparada en los decenios anteriores, y reconociendo que los institutos seculares son uno de los innumerables dones con que el Espíritu Santo acompaña el camino de la Iglesia y la renueva en todos los siglos.

Ese acto jurídico no representó el punto de llegada, sino más bien el punto de partida de un camino orientado a delinear una nueva forma de consagración: la de fieles laicos y presbíteros diocesanos, llamados a vivir con radicalismo evangélico precisamente la secularidad en la que están inmersos en virtud de la condición existencial o del ministerio pastoral.

Pope Benedict XVI waves to the faithful

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Os encontráis hoy aquí para seguir trazando el recorrido iniciado hace sesenta años, en el que sois portadores cada vez más apasionados del sentido del mundo y de la historia en Cristo Jesús. Vuestro celo nace de haber descubierto la belleza de Cristo, de su modo único de amar, encontrar, sanar la vida, alegrarla, confortarla. Y esta belleza es la que vuestra vida quiere cantar, para que vuestro estar en el mundo sea signo de vuestro estar en Cristo.

En efecto, lo  que hace que vuestra inserción en las vicisitudes humanas constituya un lugar teológico es el misterio de la Encarnación:  “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único” (Jn 3, 16). La obra de la salvación no se llevó a cabo en contraposición con la historia de los hombres, sino dentro y a través de ella. Al respecto dice la carta a los Hebreos:  “Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo” (Hb 1, 1-2). El mismo acto redentor se realizó en el contexto del tiempo y de la historia, y se caracterizó como obediencia al plan de Dios inscrito en la obra salida de sus manos.

El mismo texto de la carta a los Hebreos, texto inspirado, explica:  “Dice primero:  “Sacrificios y oblaciones y holocaustos y sacrificios por el pecado no los quisiste ni te agradaron” —cosas todas ofrecidas conforme a la Ley—; luego añade:  “He aquí que vengo a hacer tu voluntad”” (Hb 10, 8-9). Estas palabras del Salmo, que la carta a los Hebreos ve expresadas en el diálogo intratrinitario, son palabras del Hijo que dice al Padre:  “He aquí que vengo a hacer tu voluntad”. Así se realiza la Encarnación:  “He aquí que vengo a hacer tu voluntad”. El Señor nos implica en sus palabras, que se convierten en nuestras:  “He aquí que vengo, con el Señor, con el Hijo, a hacer tu voluntad”.

De este modo se delinea con claridad el camino de vuestra santificación:  la adhesión oblativa al plan salvífico manifestado en la Palabra revelada, la solidaridad con la historia, la búsqueda de la voluntad del Señor inscrita en las vicisitudes humanas gobernadas por su providencia. Y, al mismo tiempo, se descubren los caracteres de la misión secular:  el testimonio de las virtudes humanas, como “la justicia, la paz y el gozo” (Rm 14, 17), la “conducta ejemplar” de la que habla san Pedro en su primera carta (cf. 1 P 2, 12), haciéndose eco de las palabras del Maestro:  “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5, 16).

Además, forma parte de la misión secular el esfuerzo por construir una sociedad que reconozca en los diversos ámbitos la dignidad de la persona y los valores irrenunciables para su plena realización:  la política, la economía, la educación, el compromiso por la salud pública, la gestión de los servicios, la investigación científica, etc. Toda realidad propia y específica que vive el cristiano, su trabajo y sus intereses concretos, aun conservando su consistencia relativa, tienen como fin último ser abrazados por la misma finalidad por la cual el Hijo de Dios entró en el mundo.

Por consiguiente, sentíos implicados en todo dolor, en toda injusticia, así como en toda búsqueda de la verdad, de la belleza y de la bondad, no porque tengáis la solución de todos los problemas, sino porque toda circunstancia en la que el hombre vive y muere constituye para vosotros una ocasión de testimoniar la obra salvífica de Dios. Esta es vuestra misión. Vuestra consagración pone de manifiesto, por un lado, la gracia particular que os viene del Espíritu para la realización de la vocación; y, por otro, os compromete a una docilidad total de mente, de corazón y de voluntad, al proyecto de Dios Padre revelado en Cristo Jesús, a cuyo seguimiento radical estáis llamados.

Pope Benedict XVI smiles in the Aula Pao

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Todo encuentro con Cristo exige un profundo cambio de mentalidad, pero para algunos, como es vuestro caso, la petición del Señor es particularmente exigente:  dejarlo todo, porque Dios es todo y será todo en vuestra vida. No se trata simplemente de un modo diverso de relacionaros con Cristo y de expresar vuestra adhesión a él, sino de una elección de Dios que, de modo estable, exige de vosotros una confianza absolutamente total en él.

Configurar la propia vida a la de Cristo de acuerdo con estas palabras, configurar la propia vida a la de Cristo a través de la práctica de los consejos evangélicos, es una nota fundamental y vinculante que, en su especificidad, exige compromisos y gestos concretos, propios de “alpinistas del espíritu”, como os llamó el venerado Papa Pablo VI (Discurso a los participantes en el I Congreso internacional de Institutos seculares, 26 de septiembre de 1970:  L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 18 de octubre de 1970, p. 11).

El carácter secular de vuestra consagración, por un lado, pone de relieve los medios con los que os esforzáis por realizarla, es decir, los medios propios de todo hombre y mujer que viven en condiciones ordinarias en el mundo; y, por otro, la forma de su desarrollo, es decir, la de una relación profunda con los signos de los tiempos que estáis llamados a discernir, personal y comunitariamente, a la luz del Evangelio.

Personas autorizadas han considerado muchas veces que precisamente este discernimiento es vuestro carisma, para que podáis ser laboratorio de diálogo con el mundo, “el “laboratorio experimental” en el que la Iglesia verifique las modalidades concretas de sus relaciones con el mundo” (Pablo VI, Discurso a los responsables generales de los institutos seculares, 25 de agosto de 1976:  L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de septiembre de 1976, p. 1)

De aquí deriva precisamente la continua actualidad de vuestro carisma, porque este discernimiento no debe realizarse desde fuera de la realidad, sino desde dentro, mediante una plena implicación. Eso se lleva a cabo por medio de las relaciones ordinarias que podéis entablar en el ámbito familiar y social, así como en la actividad profesional, en el entramado de las comunidades civil y eclesial. El encuentro con Cristo, el dedicarse a su seguimiento, abre de par en par e impulsa al encuentro con cualquiera, porque si Dios se realiza sólo en la comunión trinitaria, también el hombre encontrará su plenitud sólo en la comunión.

A vosotros no se os pide instituir formas particulares de vida, de compromiso apostólico, de intervenciones sociales, salvo las que pueden surgir en las relaciones personales, fuentes de riqueza profética. Ojalá que, como la levadura que hace fermentar toda la harina (cf. Mt 13, 33), así sea vuestra vida, a veces silenciosa y oculta, pero siempre positiva y estimulante, capaz de generar esperanza.

Por tanto, el lugar de vuestro apostolado es todo lo humano, no sólo dentro de la comunidad cristiana —donde la relación se entabla con la escucha de la Palabra y con la vida sacramental, de las que os alimentáis para sostener la identidad bautismal—, sino también dentro de la comunidad civil, donde la relación se realiza en la búsqueda del bien común, en diálogo con todos, llamados a testimoniar la antropología cristiana que constituye una propuesta de sentido en una sociedad desorientada y confundida por el clima multicultural y multirreligioso que la caracteriza.

Provenís de países diversos; también son diversas las situaciones culturales, políticas e incluso religiosas en las que vivís, trabajáis y envejecéis. En todas buscad la Verdad, la revelación humana de Dios en la vida. Como sabemos, es un camino largo, cuyo presente es inquieto, pero cuya meta es segura.

Pope Benedict XVI blesses the faithful i

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Anunciad la belleza de Dios y de su creación. A ejemplo de Cristo, sed obedientes por amor, hombres y mujeres de mansedumbre y misericordia, capaces de recorrer los caminos del mundo haciendo sólo el bien. En el centro de vuestra vida poned las Bienaventuranzas, contradiciendo la lógica humana, para manifestar una confianza incondicional en Dios, que quiere que el hombre sea feliz.

La Iglesia os necesita también a vosotros para cumplir plenamente su misión. Sed semilla de santidad arrojada a manos llenas en los surcos de la historia. Enraizados en la acción gratuita y eficaz con que el Espíritu del Señor está guiando las vicisitudes humanas, dad frutos de fe auténtica, escribiendo con vuestra vida y con vuestro testimonio parábolas de esperanza, escribiéndolas con las obras sugeridas por la “creatividad de la caridad” (Novo millennio ineunte, 50).

Con estos deseos, a la vez que os aseguro mi constante oración, para sostener vuestras iniciativas de apostolado y de caridad os imparto una especial bendición apostólica.

01/02/2006 – HIMNO A LA GRANDEZA Y BONDAD DE DIOS

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 1 de febrero de 2006

Pope Benedict XVI gestures during his we

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HIMNO A LA GRANDEZA Y BONDAD DE DIOS

Queridos hermanos y hermanas:

1. Acabamos de orar con la plegaria del salmo 144, una gozosa alabanza al Señor que es ensalzado como soberano amoroso y tierno, preocupado por todas sus criaturas. La liturgia nos propone este himno en dos momentos distintos, que corresponden también a los dos movimientos poéticos y espirituales del mismo salmo. Ahora reflexionaremos en la primera parte, que corresponde a los versículos 1-13.

Este salmo es un canto elevado al Señor, al que se invoca y describe como “rey” (cf. Sal 144, 1), una representación divina que aparece con frecuencia en otros salmos (cf. Sal 46; 92; 95; y 98). Más aún, el centro espiritual de nuestro canto está constituido precisamente por una celebración intensa y apasionada de la realeza divina. En ella se repite cuatro veces —como para indicar los cuatro puntos cardinales del ser y de la historia— la palabra hebrea malkut, “reino” (cf. Sal 144, 11-13).

Sabemos que este simbolismo regio, que será central también en la predicación de Cristo, es la expresión del proyecto salvífico de Dios, el cual no es indiferente ante la historia humana; al contrario, con respecto a ella tiene el deseo de realizar con nosotros y por nosotros un proyecto de armonía y paz. Para llevar a cabo este plan se convoca también a la humanidad entera, a fin de que cumpla la voluntad salvífica divina, una voluntad que se extiende a todos los “hombres”, a “todas las generaciones” y a “todos los siglos”. Una acción universal, que arranca el mal del mundo y establece en él la “gloria” del Señor, es decir, su presencia personal eficaz y trascendente.

Pope Benedict XVI salutes the believers

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2. Hacia este corazón del Salmo, situado precisamente en el centro de la composición, se dirige la alabanza orante del salmista, que se hace portavoz de todos los fieles y quisiera ser hoy el portavoz de todos nosotros. En efecto, la oración bíblica más elevada es la celebración de las obras de salvación que revelan el amor del Señor con respecto a sus criaturas. En este salmo  se  sigue exaltando “el nombre” divino, es decir, su persona (cf. vv. 1-2), que se manifiesta en su actuación histórica:  en concreto se habla de

  • “obras”,
  • “hazañas”,
  • “maravillas”,
  • “fuerza”,
  • “grandeza”,
  • “justicia”,
  • “paciencia”,
  • “misericordia”,
  • “gracia”,
  • “bondad” y
  • “ternura”.

Es una especie de oración, en forma de letanía, que proclama la intervención de Dios en la historia humana  para  llevar a toda la realidad creada a una plenitud salvífica. Nosotros no estamos a merced de fuerzas oscuras, ni vivimos de forma solitaria nuestra libertad, sino que dependemos de la acción del Señor, poderoso y amoroso, que tiene para nosotros un plan, un “reino” por instaurar (cf. v. 11).

3. Este “reino” no consiste en poder y dominio, triunfo y opresión, como por desgracia sucede a menudo en los reinos terrenos, sino que es la sede de una manifestación de piedad, de ternura, de bondad, de gracia, de justicia, como se reafirma en repetidas ocasiones a lo largo de los versículos que contienen la alabanza.

La síntesis de este retrato divino se halla en el versículo 8:  el Señor es “lento a la cólera y rico en piedad”. Estas palabras evocan la presentación que hizo Dios de sí mismo en el Sinaí, cuando dijo:  “El Señor, el Señor, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad” (Ex 34, 6). Aquí tenemos una preparación de la profesión de fe en Dios que hace el apóstol san Juan, cuando nos dice sencillamente que es Amor:  “Deus caritas est” (1 Jn 4, 8. 16).

4. Además de reflexionar en estas hermosas palabras, que nos muestran a un Dios “lento a la cólera y rico en piedad”, siempre dispuesto a perdonar y ayudar, centramos también nuestra atención en el siguiente versículo, un texto hermosísimo:  “el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas” (v. 9). Se trata de palabras que conviene meditar, palabras de consuelo, con las que el Señor nos da una certeza para nuestra vida.

A este propósito, san Pedro Crisólogo (380 ca. 450 ca.) en el Segundo discurso sobre el ayuno:  “”Son grandes las obras del Señor”. Pero esta grandeza que vemos en la grandeza de la creación, este poder es superado por la grandeza de la misericordia. En efecto, el profeta dijo:  “Son grandes las obras de Dios”; y en otro pasaje añade:  “Su misericordia es superior a todas sus obras”. La misericordia, hermanos, llena el cielo y llena la tierra. (…) Precisamente por eso, la grande, generosa y única misericordia de Cristo, que reservó cualquier juicio para el último día, asignó todo el tiempo del hombre a la tregua de la penitencia. (…) Precisamente por eso, confía plenamente en la misericordia el profeta que no confiaba en su propia justicia:  “Misericordia, Dios mío —dice— por tu bondad” (Sal 50, 3)” (42, 4-5:  Discursos 1-62 bis, Scrittori dell area santambrosiana, 1, Milán-Roma 1996, pp. 299. 301).

Así decimos también nosotros al Señor:  “Misericordia, Dios mío, por tu bondad”.


Saludos

Pope Benedict XVI leaves the Paul VI hal

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Saludo cordialmente a los visitantes y peregrinos venidos de España y de América Latina, en especial a los estudiantes de la Pontificia Universidad católica argentina y de la Escuela italiana de Valparaíso (Chile). Os animo a recibir en vuestros corazones el amor que tiene su fuente en Dios y a vivir vuestra vida cristiana como una continua donación de uno mismo a los demás.

(En polaco)
Mañana celebraremos la Jornada de la vida consagrada. Demos gracias a Dios por las vocaciones religiosas y pidamos que sostenga con su gracia a las hermanas y hermanos que han elegido la castidad, la pobreza y la obediencia como camino de santidad. Bendigo de corazón a vuestras familias. ¡Alabado sea Jesucristo!

(En lengua croata)
Saludo y bendigo a los peregrinos croatas, en particular a los fieles procedentes de Murter. Queridísimos hermanos:  que vuestras casas sean lugares de oración, a fin de que habite en ellas la paz de Dios.

(En italiano)
Me dirijo, finalmente, a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Ayer celebramos la memoria litúrgica de san Juan Bosco, sacerdote y educador. Contempladlo, queridos jóvenes, como un auténtico maestro de vida y de santidad. Vosotros, queridos enfermos, aprended de su experiencia espiritual a confiar en toda circunstancia en Cristo crucificado. Y vosotros, queridos recién casados, acudid a su intercesión para que os ayude a asumir con generosidad vuestra misión de esposos.

23/01/2011 – ÁNGELUS

BENEDICTO XVI

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo 23 de enero de 2011

“Vídeo en Italiano”

Queridos hermanos y hermanas:

En estos días, del 18 al 25 de enero, se está llevando a cabo la Semana de oración por la unidad de los cristianos. El tema de este año es un pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles, que resume en pocas palabras la vida de la primera comunidad cristiana de Jerusalén: «Perseveraban en la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones» (Hch 2, 42). Es muy significativo que hayan propuesto este tema las Iglesias y comunidades cristianas de Jerusalén, reunidas en espíritu ecuménico. Sabemos cuántas pruebas deben afrontar los hermanos y hermanas de Tierra Santa y Oriente Medio. Por tanto, su servicio es todavía más valioso, avalorado por un testimonio que, en ciertos casos, ha llegado hasta el sacrificio de la vida. Por eso, mientras acogemos con alegría los puntos de reflexión que nos dan las comunidades que viven en Jerusalén, les expresamos nuestra cercanía, y esto se convierte en un factor más de comunión para todos.

También hoy, para ser en el mundo signo e instrumento de íntima unión con Dios y de unidad entre los hombres, los cristianos debemos basar nuestra vida en estos cuatro «ejes»: la vida fundada en la fe de los Apóstoles transmitida en la Tradición viva de la Iglesia, la comunión fraterna, la Eucaristía y la oración. Sólo de este modo, permaneciendo firmemente unida a Cristo, la Iglesia puede cumplir eficazmente su misión, pese a los límites y las faltas de sus miembros, pese a las divisiones, que ya el Apóstol Pablo tuvo que afrontar en la comunidad de Corinto, como recuerda la segunda lectura bíblica de este domingo, donde dice: «Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir» (1, 10). El Apóstol, en efecto, había sabido que en la comunidad cristiana de Corinto habían surgido discordias y divisiones; por eso, con gran firmeza, añade: «¿Está dividido Cristo?» (1, 13). Al decir esto, afirma que toda división en la Iglesia es una ofensa a Cristo; y, al mismo tiempo, que es siempre en él, única Cabeza y único Señor, en quien podemos volver a encontrarnos unidos, por la fuerza inagotable de su gracia.

Esta es, pues, la llamada siempre actual del Evangelio de hoy: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos» (Mt 4, 17). El compromiso serio de conversión a Cristo es el camino que lleva a la Iglesia, con los tiempos que Dios disponga, a la plena unidad visible. Un signo de ello son los encuentros ecuménicos que en estos días se multiplican en todo el mundo. Aquí, en Roma, además de estar presentes varias delegaciones ecuménicas, comenzará mañana una sesión de encuentro de la Comisión para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y las antiguas Iglesias orientales. Y pasado mañana concluiremos la Semana de oración por la unidad de los cristianos con la solemne celebración de las Vísperas en la fiesta de la Conversión de San Pablo. Que en este camino nos acompañe siempre la Virgen María, Madre de la Iglesia.


Pope Benedict XVI speaks from the window

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Después del Ángelus

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana, en particular a los alumnos y profesores del Instituto Maestro Domingo, de Badajoz. En el transcurso de esta Semana de oración por la unidad de los cristianos, la liturgia nos urge, con el apóstol Pablo, a poner siempre el corazón en la salvación que Cristo ofrece, identificándonos cada día más con Él y apartándonos de todo lo que causa división. Que la amorosa intercesión de la Santísima Virgen María, aliente a todos los discípulos de su divino Hijo a edificar sin discordias el Reino de Dios, siendo en todas partes sal de la tierra y luz del mundo. Feliz domingo.

21/01/2007 – ÁNGELUS

BENEDICTO XVI

ÁNGELUS

Pope Benedict XVI greets pilgrims from the window of his studio overlooking St.Peter's square during the Angelus in Rome, Vatican City on January 21, 2007.

Domingo 21 de enero de 2007

Queridos hermanos y hermanas:

Este domingo cae durante la “Semana de oración por la unidad de los cristianos” que, como es sabido, en nuestro hemisferio se celebra todos los años del 18 al 25 de enero.

El tema de este año es una frase tomada del evangelio según san Marcos, que refiere el estupor de la gente ante la curación del sordomudo realizada por Jesús:  “Hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (Mc 7, 37). Tengo la intención de comentar más extensamente este tema bíblico el próximo día 25 de enero, fiesta litúrgica de la Conversión de San Pablo, cuando, con motivo de la conclusión de la “Semana de oración”, presida, a las 17.30, la celebración de las Vísperas en la basílica de San Pablo extramuros. Os espero en gran número para ese encuentro litúrgico, puesto que la unidad se construye sobre todo orando, y cuanto más coral es la oración, tanto más agradable es al Señor.

Este año el proyecto inicial para la “Semana”, adaptado luego por el Comité mixto internacional, fue preparado por los fieles de Umlazi, en Sudáfrica, ciudad muy pobre, donde el sida ha alcanzado proporciones de pandemia y donde son muy pocas las esperanzas humanas. Pero Cristo resucitado es esperanza para todos. Lo es especialmente para los cristianos. Habiendo heredado divisiones acaecidas en épocas pasadas, en esta circunstancia han querido hacer un llamamiento:  Cristo lo puede todo, “hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (Mc 7, 37), o sea, es capaz de infundir en los cristianos el deseo ardiente de escuchar al otro, de comunicarse con el otro y de hablar con él el lenguaje del amor recíproco. Así, la Semana de oración por la unidad de los cristianos nos recuerda que el ecumenismo es una profunda experiencia de diálogo, un escucharse y hablarse, un conocerse mejor; es una tarea que todos pueden realizar, especialmente por lo que respecta al ecumenismo espiritual, basado en la oración y en la participación en lo que es posible ahora entre los cristianos.

Deseo que el anhelo de unidad, traducido en oración y colaboración fraterna para aliviar los sufrimientos del hombre, se difunda cada vez más en las parroquias, en los movimientos eclesiales y en los institutos religiosos. Aprovecho esta ocasión para dar las gracias a la Comisión ecuménica del Vicariato de Roma y a los párrocos de la ciudad que impulsan a los fieles a celebrar la “Semana”. Más en general, expreso mi gratitud a cuantos, en todas las partes del mundo, con convicción y constancia oran y trabajan por la unidad.

Que María, Madre de la Iglesia, ayude a todos los fieles a dejarse abrir íntimamente por Cristo a la comunicación recíproca en la caridad y en la verdad, para que lleguen a ser en él un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4, 32).


Después del Ángelus

Dirijo mi saludo cordial a la numerosa representación de dirigentes, profesores, padres y alumnos aquí presentes, y lo extiendo a todos los que viven y trabajan en las escuelas católicas romanas.

Queridos amigos, como dice eficazmente el tema de la Jornada, las escuelas católicas se ponen al servicio del crecimiento integral de la persona:  “corazón, inteligencia y libertad”. Os renuevo la expresión de mi aprecio por el trabajo que realizáis, tratando siempre de conjugar la calidad de la instrucción con el compromiso educativo. Con este fin, os animo y os sostengo con mi oración.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua italiana, en particular a los promotores del proyecto “Cambia de juego”, que en la ciudad de Lecce han invitado a los niños a abandonar las armas de juguete. Me complace esta iniciativa, y quisiera extender el llamamiento:  preservemos a la infancia del contagio de la violencia.

(En español)
Saludo a los peregrinos de lengua española. Invocando la protección maternal de la Virgen María, a quien invocamos como Madre de la Iglesia, os exhorto a rezar especialmente en estos días por la unidad de todos los discípulos de Cristo. ¡Feliz domingo!

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