2006/2013 – DISCURSOS A DELEGACIÓN ECUMÉNICA DE FINLANDIA

ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A UNA DELEGACIÓN ECUMÉNICA DE FINLANDIA

Pope Benedict XVI meets a Finnish ecomen

Getty

Jueves 19 de enero de 2006

Querido obispo Heikka;
querido obispo Wróbel;
distinguidos amigos de Finlandia:

Con gran alegría os doy la bienvenida a vosotros, miembros de la delegación ecuménica de Finlandia, con ocasión de la celebración de hoy, fiesta de san Enrique, vuestro santo patrono.

Me complace recordar que durante muchos años mi amado predecesor el Papa Juan Pablo II recibió con alegría y gratitud a los participantes en la peregrinación anual a Roma, que se ha convertido en una expresión de nuestros estrechos contactos y de nuestro fructífero diálogo ecuménico. Estas visitas son una ocasión para promover un trabajo más fructífero y para profundizar el “ecumenismo espiritual” (cf. Ut unum sint, 21), que impulsa a los cristianos divididos a apreciar lo que ya los une.

La actual Comisión para el diálogo católico-luterano en Finlandia y Suecia construye fundamentalmente sobre la aplicación de la Declaración común sobre la justificación. En el contexto específico de los países nórdicos, la Comisión sigue estudiando los logros y las implicaciones prácticas de la Declaración común. De este modo, trata de afrontar las diferencias que aún existen entre luteranos y católicos con respecto a ciertas cuestiones de fe y de vida eclesial, dando un ferviente testimonio de la verdad del Evangelio.

En especial durante estos días de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, somos conscientes de que la unidad es una gracia y que debemos pedir continuamente al Señor este don. Confiamos firmemente en su promesa:  “Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 19-20).

Demos gracias a Dios por todo lo que se ha hecho hasta ahora en las relaciones entre católicos y luteranos, y oremos para que nos llene de su Espíritu, a fin de que nos guíe hacia la plenitud de la verdad y del amor.

ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A UNA DELEGACIÓN ECUMÉNICA DE FINLANDIA

Viernes 19 de enero de 2007

Queridos obispos Peura y Wróbel;
distinguidos amigos:

Con alegría os doy la bienvenida, miembros de la delegación ecuménica de Finlandia, que visitáis Roma con motivo de la fiesta de san Enrique, patrono de vuestra nación.

Vuestra presencia aquí coincide este año con la Semana de oración por la unidad de los cristianos. El tema de la Semana —“Hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (Mc 7, 37)—, ilustra cómo Jesús nos cura a todos de la sordera espiritual, permitiéndonos escuchar su palabra de salvación y proclamarla a los demás. Esta tarea de testimonio común con palabras y obras alimenta nuestro camino ecuménico. Al acercarnos a Cristo, convirtiéndonos a su verdad y a su amor, nos acercamos más los unos a los otros.

El desarrollo de las relaciones entre los cristianos en los últimos años en Finlandia es fuente de gran esperanza para el futuro del ecumenismo. De buen grado oran y trabajan juntos, dando testimonio común de la palabra de Dios.

Todos los hombres y mujeres buscan o necesitan precisamente este convincente testimonio de las verdades del Evangelio, que constituyen nuestra guía y salvación. Por parte de los cristianos esto exige valentía. De hecho, como sugerí en las Vísperas ecuménicas durante mi visita a Baviera, todo “debilitamiento del tema de la justificación y del perdón de los pecados, en último término, es resultado de un debilitamiento de nuestra relación con Dios. Por eso, nuestra primera tarea consistirá tal vez en redescubrir al Dios vivo en nuestra vida, en nuestro tiempo y en nuestra sociedad” (Homilía del 12 de septiembre de 2006:  L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 22 de septiembre de 2006, p. 14).

En la Declaración conjunta sobre la justificación, los luteranos y los católicos han dado grandes pasos desde el punto de vista teológico. Todavía queda mucho por hacer y es alentador que el diálogo nórdico luterano-católico en Finlandia y Suecia esté estudiando el tema:  “La Justificación en la vida de la Iglesia”.

Espero y rezo para que esas conversaciones contribuyan realmente a la búsqueda de la unidad plena y visible de la Iglesia, dando al mismo tiempo una respuesta cada vez más clara a las cuestiones fundamentales que afectan a la vida y a la sociedad.

Con la convicción de que el Espíritu Santo es el auténtico protagonista del compromiso ecuménico (cf. Unitatis redintegratio 1 y 4), sigamos rezando y trabajando por la edificación de vínculos más estrechos de amor y cooperación entre luteranos y católicos en Finlandia.

Sobre vosotros y sobre todos los queridos habitantes de Finlandia invoco las abundantes bendiciones divinas de paz y de alegría.

DISCURSO DEL PAPA BENEDICTO XVI
A UNA DELEGACIÓN ECUMÉNICA DE FINLANDIA

Viernes 18 de enero de 2008

Distinguidos amigos de Finlandia:

Me complace saludar a vuestra delegación ecuménica que realiza la tradicional visita anual a Roma, con ocasión de la fiesta de san Enrique, patrono de Finlandia. Doy una afectuosa bienvenida al obispo Mäkinen, al obispo Wróbel y a todos los miembros de vuestro grupo.

Vuestra visita coincide con el inicio de la Semana de oración por la unidad de los cristianos. De hecho, este año se celebra el centenario de su inauguración, por obra del padre Paul Wattson, como “Octavario por la unidad de la Iglesia”.

En cierto sentido, la Semana de oración se remonta hasta la víspera de la pasión y muerte de Jesús, cuando oró por sus discípulos:  “Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 21). La unidad de los cristianos es un don de lo alto, que nace de la comunión amorosa con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y tiende a ella.

La oración común de los luteranos y los católicos de Finlandia es una participación humilde pero fiel en la oración de Jesús, que prometió que toda plegaria elevada al Padre en su nombre sería escuchada (cf. Jn 15, 7). En efecto, esta es la puerta real del ecumenismo. Esa oración nos lleva a considerar el reino de Dios y la unidad de la Iglesia de un modo nuevo, refuerza nuestros vínculos de comunión y nos permite afrontar con valentía los recuerdos dolorosos, las dificultades sociales y las debilidades humanas, que forman parte de nuestras divisiones.

La exhortación de san Pablo a “orar sin cesar” (1 Ts 5, 17), que está en el centro de las lecturas de la Semana de oración por la unidad de los cristianos de este año, también nos recuerda que la auténtica vida en comunión sólo es posible cuando los acuerdos doctrinales y las declaraciones formales están guiados constantemente por la luz del Espíritu Santo. Debemos estar agradecidos por los frutos del diálogo teológico entre católicos y luteranos nórdicos en Finlandia y Suecia, centrado en temas fundamentales de la fe cristiana, incluida la cuestión de la justificación en la vida de la Iglesia. Ojalá que  el  diálogo  continuo lleve a resultados prácticos, con actividades que expresen y construyan nuestra unidad en Cristo y, por tanto, fortalezcan las relaciones entre los cristianos.

El año pasado, Finlandia conmemoró el 450° aniversario de la muerte del teólogo Miguel Agrícola, cuya traducción de la Biblia tuvo enorme influjo en la lengua y en la literatura finlandesas. Esta ocasión pone nuevamente de relieve la importancia de la sagrada Escritura en la Iglesia, tanto para los cristianos como para toda la sociedad. En verdad, la palabra de Dios es el fundamento de nuestra vida. Como dijo san Jerónimo“La ignorancia de la Escritura es ignorancia de Jesucristo” (Comm. in Isaia, Prol.). Encontrarnos con la palabra de Dios, especialmente cuando resuena en la Iglesia y en su liturgia, también es importante  para nuestro camino ecuménico.

Como declaró el Concilio Vaticano II, “la sagrada teología se apoya, como en cimiento perdurable, en la sagrada Escritura (…); así se mantiene firme y recobra su juventud, penetrando a la luz de la fe la verdad escondida en el misterio de Cristo” (Dei Verbum, 24).

Queridos amigos, espero vivamente que vuestra visita a Roma os aumente vuestro gozo al recordar el testimonio de los primeros cristianos y, en particular, el martirio de san Pedro y san Pablo, los apóstoles que fundaron la Iglesia de Roma. San Enrique siguió sus pasos, llevando el mensaje del Evangelio y su fuerza salvífica a la vida de los pueblos nórdicos. En las nuevas y difíciles circunstancias de la Europa actual, y en vuestro propio país, los luteranos y los católicos juntos pueden contribuir en gran medida al servicio del Evangelio y a la extensión del reino de Dios.

Con estos sentimientos y con afecto en el Señor, invoco sobre vosotros y sobre vuestros seres queridos las bendiciones divinas de alegría y paz.

ALOCUCIÓN DEL PAPA BENEDICTO XVI
A UNA DELEGACIÓN ECUMÉNICA DE FINLANDIA

Pope Benedict XVI blesses the faithfull

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Lunes 19 de enero de 2009

Queridos y distinguidos amigos de Finlandia:

Con gran alegría os doy la bienvenida con ocasión de vuestra visita anual a Roma para la fiesta de vuestro santo patrono, san Enrique, y agradezco al obispo Gustav Björkstrand las amables palabras que me ha dirigido en vuestro nombre.

Estas peregrinaciones son una oportunidad para orar juntos, reflexionar y dialogar al servicio de nuestra búsqueda de una comunión plena. Vuestra visita tiene lugar durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos, cuyo tema este año está tomado del libro de Ezequiel: “Que sean una sola cosa en tu mano” (Ez 37, 17). En su visión, el profeta ve dos leños, que simbolizan los dos reinos en que el pueblo de Dios se había dividido y que luego llegan a ser uno (cf. Ez 37, 15-23). En el contexto ecuménico nos habla de Dios, que constantemente nos impulsa hacia una unidad más profunda en Cristo, renovándonos y liberándonos de nuestras divisiones.

La comisión del diálogo entre luteranos y católicos en Finlandia y Suecia sigue tomando en cuenta la Declaración común sobre la justificación. Este año celebramos el décimo aniversario de esta importante declaración y la comisión está estudiando ahora sus implicaciones y la posibilidad de su recepción. Con el tema: “Justificación en la vida de la Iglesia”, el diálogo está considerando cada vez más a fondo la naturaleza de la Iglesia como signo e instrumento de la salvación traída en Jesucristo y no simplemente como una mera asamblea de creyentes o una institución con varias funciones.

Vuestra peregrinación a Roma se realiza en el Año paulino, bimilenario del nacimiento del Apóstol de los gentiles, que dedicó incansablemente su vida y su enseñanza a la unidad de la Iglesia. San Pablo nos recuerda la gracia maravillosa que hemos recibido al llegar a ser miembros del Cuerpo de Cristo por el bautismo (cf. 1 Co 12, 12-31). La Iglesia es este Cuerpo místico de Cristo y está guiada continuamente por el Espíritu Santo, que es el Espíritu del Padre y del Hijo. Sólo sobre la base de esta realidad de la Encarnación se puede comprender el carácter sacramental de la Iglesia como comunión en Cristo. Un consenso sobre las implicaciones profundamente cristológicas y pneumatológicas del misterio de la Iglesia será una base muy esperanzadora para el trabajo de la comisión.

San Pablo nos enseña también que la unidad que buscamos no es más que la manifestación de nuestra plena incorporación en el Cuerpo de Cristo, porque “todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo (…), pues todos sois uno en Cristo Jesús” (Ga 3, 27-28). Con este fin, queridos amigos, espero fervientemente que vuestra visita a Roma fortalezca ulteriormente las relaciones ecuménicas entre luteranos y católicos en Finlandia, que desde hace muchos años son tan positivas. Demos juntamente gracias a Dios por todo lo que se ha logrado hasta ahora en las relaciones entre luteranos y católicos, y pidamos al Espíritu de la verdad que nos guíe hacia una unidad cada vez mayor al servicio del Evangelio.

Con estos sentimientos de afecto en el Señor, y al inicio de este nuevo año, invoco sobre vosotros y sobre vuestras familias los dones divinos de alegría y paz.

PALABRAS DEL PAPA BENEDICTO XVI
A UNA DELEGACIÓN ECUMÉNICA DE FINLANDIA

Pope Benedict XVI holds an audience with

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Lunes 18 de enero de 2010

Distinguidos amigos:

Os saludo con afecto a todos vosotros, miembros de la delegación ecuménica, que habéis venido a Roma para la celebración de la fiesta de san Enrique. Esta ocasión coincide con el vigésimo quinto aniversario de vuestras visitas anuales a Roma. Por eso, recuerdo con gratitud que estos encuentros han contribuido de manera significativa al fortalecimiento de las relaciones entre los cristianos en vuestro país.

El Concilio Vaticano II comprometió a la Iglesia católica «de modo irreversible a recorrer el camino de la acción ecuménica, poniéndose a la escucha del Espíritu del Señor, que enseña a leer atentamente los “signos de los tiempos”» (Ut unum sint, 3). Este es el camino que la Iglesia católica ha emprendido decididamente desde entonces. Las Iglesias de Oriente y de Occidente, cuyas tradiciones se hallan presentes en vuestro país, comparten una auténtica comunión, aunque aún imperfecta. Esto constituye un motivo para lamentar los problemas del pasado, pero seguramente también es un motivo que nos impulsa a esfuerzos cada vez mayores de comprensión y reconciliación, a fin de que nuestra amistad fraterna y nuestro diálogo puedan desembocar en una unidad visible y perfecta en Jesucristo.

En su discurso, usted ha mencionado la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, firmada hace diez años, que es un signo concreto de la fraternidad redescubierta entre luteranos y católicos. En este contexto me complace observar la obra reciente del diálogo nórdico luterano-católico en Finlandia y Suecia sobre cuestiones relativas a la Declaración conjunta. Es de desear que el texto que resulte del diálogo contribuya positivamente al camino que lleva al restablecimiento de nuestra unidad perdida.

Una vez más me alegra expresar mi gratitud por vuestra perseverancia en estos veinticinco años de peregrinación común. Demuestran vuestro respeto por el Sucesor de Pedro, así como vuestra buena fe y el deseo de unidad mediante el diálogo fraterno. Oro fervientemente a Dios para que las distintas Iglesias cristianas y comunidades eclesiales que representáis se basen en este sentido de fraternidad, mientras perseveramos en nuestra peregrinación común. Sobre vosotros y sobre cuantos han sido encomendados a vuestra solicitud pastoral me complace invocar las abundantes bendiciones de Dios todopoderoso.

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LA DELEGACIÓN ECUMÉNICA DE FINLANDIA CON OCASIÓN DE LA FIESTA DE SAN ENRIQUE

15 de Enero de 2011

¡Excelencias!

¡Queridos amigos de Finlandia!

Con gran alegría os doy mi bienvenida en ocasión de vuestra peregrinación ecuménica anual a Roma para celebrar la fiesta de san Enrique, el patrón de vuestra amada tierra. Cada año, en este periodo, vuestro tradicional peregrinaje atestigua las relaciones sinceras, amigables y colaboradoras que se han instaurado entre luteranos y católicos y, en general entre todos los cristianos de vuestro país.

Si bien no hemos alcanzado todavía el objetivo del movimiento ecuménico o la plena unidad de la fe, en el diálogo se han madurado muchos elementos de acuerdo y de acercamiento, que nos refuerzan en nuestro deseo general de cumplir la voluntad de nuestro Señor Jesucristo “Que todos sean uno” (Jn 17,21). Un resultado digno de atención, recientemente logrado, ha sido el informe final sobre la cuestión de la justificación en la vida de la Iglesia. Este informe ha sido redactado por el grupo de diálogo católico-luterano nórdico en Finlandia y en Suecia, cuyos miembros han realizado encuentros durante el año pasado.

En la teología y en la fe todo está unido y por tanto una mayor y profunda comprensión común nos ayudará también a comprender mejor, juntos, la naturaleza de la Iglesia y, como se ha mencionado, el ministerio episcopal, de manera que se pueda encontrar la unidad de la Iglesia de forma concreta y así ser capaces de exponer la fe a los hombres de hoy que se interrogan, y hacerla más comprensible, para que vean que Él es la respuesta, que Cristo es el Redentor de todos nosotros. Por lo tanto se mantiene viva nuestra esperanza de que, bajo la guía del Espíritu Santo, muchas diligentes y competentes personas que trabajan en el ámbito ecuménico, puedan aportar su contribución a la consecución de esta gran tarea ecuménica siempre guiados por el Espíritu Santo.

Dicho ésto, se sobreentiende que la eficacia de nuestros esfuerzos no puede venir sólo del estudio y del debate sino que depende sobre todo de nuestra oración constante, de nuestra vida conforme a la voluntad de Dios, porque el ecumenismo no es obra nuestras sino fruto de la acción de Dios.

Al mismo tiempo, somos todos conscientes del hecho de que, en los últimos años, el camino ecuménico se ha vuelto, desde algunos puntos de vista, más difícil y ciertamente más exigente. Serán planteadas cuestiones con respecto al método y los logros ecuménicos de los últimos años, además de la incertidumbre del futuro, a los problemas de nuestro tiempo con la fe en general.

Desde esta perspectiva, vuestra peregrinación anual a Roma por la festividad de san Enrique es considerada un evento importante, un signo y reforzamiento de nuestros esfuerzos ecuménicos, y de nuestra certeza de que debemos caminar juntos y de que Cristo es el camino para la humanidad. Vuestra peregrinación nos ayuda a volver la vista atrás con alegría para ver lo que se ha conseguido hasta ahora y para mirar al futuro con el deseo de asumir un empeño lleno de responsabilidad y de fe. En ocasión de vuestra visita deseamos todos fortificar nuestra creencia de que el Espíritu Santo, que nos despierta, nos acompaña y ha hecho fructífero el movimiento ecuménico, continúe así también en el futuro.

Espero con firmeza que vuestra visita a Roma fortalezca la futura colaboración entre luteranos y católicos, entre todos los cristianos de Finlandia. En vista de la inminente semana de oración por la unidad de los cristianos, queremos rezar para que el espíritu de la verdad nos conduzca a un amor y a una fraternidad más grandes todavía. Dios os dé sus abundantes bendiciones en este nuevo año apenas comenzado.

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A UNA DELEGACIÓN ECUMÉNICA DE FINLANDIA
CON OCASIÓN DE LA FIESTA DE SAN ENRIQUE

Pope Benedict XVI Vesper Prayer Service at St. Paul Basilica

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Jueves 19 de enero de 2012

Querido monseñor Sippo,
querido monseñor Häkkinen,
estimados amigos de Finlandia:

Con gran alegría os doy la bienvenida, miembros de la delegación de Finlandia, con ocasión de vuestra peregrinación ecuménica anual a Roma para celebrar una vez más la fiesta de hoy de san Enrique, santo patrono de Finlandia. Al recordar a nuestros santos patronos damos gracias por la acción del Espíritu Santo, que ha modelado y transformado la vida de cuantos nos han dejado un ejemplo extraordinario de fidelidad a Cristo y al Evangelio.

La visita anual de una delegación ecuménica de Finlandia testimonia el aumento de la comunión entre las tradiciones cristianas representadas en vuestro país. Tengo la profunda esperanza de que esta comunión siga creciendo, dando ricos frutos entre los católicos, los luteranos y todos los demás cristianos en vuestra amada nación. Nuestra amistad cada vez más profunda y nuestro testimonio común de Jesucristo —especialmente ante el mundo actual, que tan a menudo carece de una orientación auténtica y desea escuchar el mensaje de salvación— tiene que apresurar nuestros progresos hacia la solución de las diferencias que aún permanecen entre nosotros, y también de todos los temas sobre los que los cristianos están divididos.

Recientemente, las cuestiones éticas se han convertido en uno de los puntos de divergencia entre los cristianos, especialmente en lo que concierne a la correcta comprensión de la naturaleza humana y de su dignidad. Es necesario que los cristianos lleguen a un acuerdo profundo en las cuestiones antropológicas, que puede ayudar a la sociedad y a los políticos a tomar decisiones sabias y acertadas sobre temas importantes en las esferas de la vida humana, de la familia y de la sexualidad.

A este respecto, el reciente documento de diálogo ecuménico bilateral en el contexto finlandés-sueco no sólo refleja un acercamiento entre católicos y luteranos en lo que atañe a la comprensión de la justificación, sino que exhorta a los cristianos a renovar su compromiso de imitar a Cristo en la vida y en las obras. Confiamos en el poder del Espíritu Santo para que haga posible lo que puede parecer todavía fuera de nuestro alcance: una amplia renovación de la santidad y de la práctica pública de la virtud cristiana, según el ejemplo de los grandes testigos que nos han precedido.

Durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos de este año, la segunda lectura de los textos sugeridos para la jornada de hoy recuerda la paciencia de creyentes fieles como Abraham (cf. Hb 6, 15), que han sido premiados por su fe y confianza en Dios. La convicción de que Dios interviene amorosamente en nuestra historia nos enseña a no poner un énfasis inoportuno en aquello que podemos hacer con nuestros propios esfuerzos. Nuestro deseo de una unidad plena y visible de los cristianos requiere una espera paciente y confiada, no con un espíritu de impotencia o de pasividad, sino con una profunda confianza en que la unidad de todos los cristianos en una sola Iglesia es de verdad un don de Dios y no un logro nuestro. Esta espera paciente, en devota esperanza, nos transforma y nos prepara para una unidad visible no como la programamos nosotros, sino como nos la concede Dios.

Tengo la ferviente esperanza de que vuestra visita a Roma ayude a hacer más profundas las relaciones fraternas existentes entre luteranos y católicos en Finlandia. Agradezcamos a Dios todo lo que nos ha concedido hasta ahora y pidámosle que nos colme del Espíritu de la verdad para guiarnos hacia un amor y una unidad cada vez mayores. Sobre vosotros y sobre todos vuestros connacionales invoco las bendiciones abundantes de Dios.

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LA DELEGACIÓN ECUMÉNICA DE FINLANDIA,
CON OCASIÓN DE LA FIESTA DE SAN ENRIQUE

Jueves 17 de enero de 2013

Eminencia,
excelencia,
queridos amigos:

Una vez más me alegra acoger a vuestra delegación ecuménica con ocasión de su visita anual a Roma para la fiesta de san Enrique, patrono de Finlandia. Es apropiado que nuestro encuentro tenga lugar la víspera de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, cuyo tema, este año, está tomado del libro del profeta Miqueas: «¿Qué exige el Señor de nosotros?» (cf. 6, 6-8).

El profeta, naturalmente, explica lo que el Señor exige de nosotros: «practicar la justicia, amar la piedad, caminar humildemente con nuestro Dios» (cf. 6, 8). El tiempo de Navidad, apenas celebrado, nos recuerda que es Dios quien, desde el inicio, ha caminado con nosotros y que, en la plenitud de los tiempos, se ha hecho carne para salvarnos de nuestros pecados y para guiar nuestros pasos por el camino de la santidad, de la justicia y de la paz. Caminar humildemente en presencia del Señor, en obediencia a su palabra salvífica y con confianza en su designio generoso, es una imagen elocuente no sólo de la vida de fe sino también de nuestro itinerario ecuménico por el camino hacia la unidad plena y visible de todos los cristianos. En este camino de discipulado, estamos llamados a avanzar juntos por el sendero estrecho de la fidelidad a la voluntad soberana de Dios, afrontando todo tipo de dificultades u obstáculos que podamos encontrar.

Para avanzar por los caminos de la comunión ecuménica es, pues, necesario que estemos cada vez más unidos en la oración, cada vez más comprometidos en la búsqueda de la santidad y cada vez más implicados en los campos de la investigación teológica y de la cooperación al servicio de una sociedad justa y fraterna. Por este camino de ecumenismo espiritual en verdad avanzamos con Dios y unos con otros en la justicia y en el amor (cf. Mi 6, 8), puesto que, como afirma la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, «somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones, capacitándonos y llamándonos a buenas obras» (n. 15).

Queridos amigos, es mi deseo que vuestra visita a Roma ayude a reforzar las relaciones ecuménicas entre todos los cristianos en Finlandia. Demos gracias a Dios por todo lo que se ha realizado hasta ahora, y recemos para que el Espíritu de verdad guíe a los discípulos de Cristo en vuestro país hacia un amor y una unidad cada vez más grandes, mientras tratan de vivir a la luz del Evangelio y llevar dicha luz a las grandes cuestiones morales que nuestras sociedades deben afrontar hoy.

Caminando juntos con humildad por el sendero de la justicia, de la misericordia y de la rectitud que el Señor nos ha indicado, los cristianos no sólo permanecerán en la verdad, sino también serán faros de alegría y de esperanza para todos los que están buscando un punto de referencia seguro en nuestro mundo en rápida mutación. Al inicio de este nuevo año, os aseguro mi cercanía en la oración. Sobre todos vosotros invoco de corazón la sabiduría, la gracia y la paz de Jesucristo nuestro Redentor.

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Publicado el 19 enero, 2016 en DISCURSOS y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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