07/09/2010 – CONCIERTO EN HONOR DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI OFRECIDO POR LA PONTIFICIA ACADEMIA DE LAS CIENCIAS

CONCIERTO EN HONOR DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

OFRECIDO POR LA ACADEMIA PONTIFICIA DE LAS CIENCIAS

Castelgandolfo, 7 de septiembre de 2010

 Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart (Misa de Réquiem en re menor K 626)

Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina para Zenit

Fuente: ZENIT

“Vídeo en Italiano”

Queridos amigos:

Doy las gracias de corazón a la Orquesta de Padua y del Véneto y al coro “Academia de la voz” de Turín, dirigidos por el maestro Claudio Desderi, y a los cuatro solistas por habernos ofrecido este momento de alegría interior y de reflexión espiritual con una intensa interpretación del Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart. Junto a ellos, doy las gracias a monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, secretario de la Academia Pontificia de las Ciencias, por las palabras que me ha dirigido, así como a las instituciones que han contribuido a la organización de este acontecimiento. Sabemos bien que Mozart, cuando era muy joven, en sus viajes por Italia con su padre, se detuvo en varias regiones, entre las cuales se encontraban también el Piamonte y el Véneto, pero sobre todo sabemos que pudo aprender de la viva actividad musical italiana, caracterizada por compositores como Hasse, Sammartini, Padre Martini, Piccinni, Jommelli, Paisiello, Cimarosa, por citar a algunos de ellos.

Permitidme, sin embargo, que exprese una vez más el afecto particular que me une, podría decir desde siempre, a este sumo músico. Cada vez que escucho su música no puedo dejar de volver con la memoria a mi iglesia parroquial, donde cuando era un muchacho, en los días de fiesta, resonaba una de sus “misas”: en el corazón sentía que me alcanzaba un rayo de la belleza del Cielo , y esta sensación sigo experimentándola también hoy cada vez, escuchando esta gran meditación, dramática y serena, sobre la muerte. En Mozart, todo está en perfecta armonía, cada nota, cada frase musical; es así y no podría ser de otra manera; incluso los opuestos quedan reconciliados es la mozart’sche Heiterkeit, la “serenidad mozartiana” todo lo envuelve, en cada momento. Es un don de la Gracia de Dios, pero es también el fruto de la fe viva de Mozart que, especialmente en la música sacra, logra reflejar la respuesta luminosa del Amor divino, que da esperanza, incluso cuando la vida humana es lacerada por el sufrimiento y la muerte.

En su última carta escrita al padre moribundo, fechada el 4 de abril de 1787, escribe hablando precisamente de la etapa final de la vida sobre la tierra: “…¡desde hace algún año he alcanzado tanta familiaridad con esta amiga sincera y sumamente querida del hombre, [la muerte], que su imagen ya no sólo no tiene nada de aterrador, sino que me parece incluso muy tranquilizante y consoladora! Y doy gracias a mi Dios por haberme concedido la suerte de tener la oportunidad de reconocer en ella la clave de nuestra felicidad. No me acuesto nunca sin pensar que al día siguiente quizá ya no estaré. Y sin embargo nadie que me conozca podrá decir que en compañía yo sea triste o de mal humor. Y por esta suerte doy las gracias cada día a mi Creador y lo deseo de todo corazón a cada uno de mis semejantes”.

Este escrito manifiesta una fe profunda y sencilla, que aparece también en la gran oración del Réquiem, y nos lleva, al mismo tiempo, a amar intensamente las vicisitudes de la vida terrena como dones de Dios y a elevarnos por encima de ellas, contemplando serenamente la muerte como una “llave” para atravesar la puerta hacia la felicidad.

El Réquiem de Mozart es una elevada expresión de fe, que reconoce el carácter trágico de la existencia humana y que no oculta sus aspectos dramáticos, y por este motivo es una expresión de fe propiamente cristiana, consciente de que toda la vida del hombre está iluminada por el amor de Dios. Gracias una vez más a todos.

JOSEPH RATZINGER, BENEDICTO XVI,

UN APASIONADO DE LA MÚSICA DE MOZART

Joseph Ratzinger heredó de sus padres la pasión por la belleza de la música ya desde muy tierna infancia gozaba de la música de Bach, Bethoven… Pero, fue en un viaje a Viena cuando descubrió la música de W. A. Mozart y se quedó fascinado. Años más tarde, a través de Hans Von Balthasar, un compañero teólogo, como la belleza llegó a ser uno de los temas que más fascinaron a Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI.

Solía decir Von Balthasar: “Mozart es mi estrella polar.” Hay una anécdota que cuenta que Balthasar regaló a Joseph Ratzinger todos sus discos de Mozart porque según contaba el mismo Balthasar se sabía todos los discos de memoria.

Durante sus casi ocho años de Pontificado demostró que la música seguía siendo una parte muy importante de su vida y le acompañaba siempre especialmente el compositor vienés Wolfgang Amadeus Mozart.

Actualmente, vive retirado en el Monasterio Mater Ecclessiae, pasa sus días dedicado a la oración y la plegaria, también realiza estudios teológicos una de sus pasiones pero, sin dejar  la música, como ha reconocido en más de una entrevista su secretario personal, Monseñor Georg Gänswein, goza de su otra gran pasión tocando al piano música de Bach, Bethoven y por supuesto de su admirado Mozart.

Música y  Belleza

Los  estudios de Teología que absorbían a Joseph Ratzinger en los años 50 no le mantuvieron alejado de sus otras pasiones, y sobre todas  ellas su amor por la música. Fue precisamente en este tiempo cuando se fraguó la firme convicción en él de que la belleza es uno de los más poderosos caminos para llegar a Cristo.

Con 30 años Ratzinger tenía muy claro que Mozart y la música clásica eran  potentes fuentes de inspiración, comparables a las obtenidas con la lectura de San Agustín o de San Buenaventura, dos de sus influencias más importantes.  Decía años más tarde: “La belleza es conocimiento”

Rodeado de la arquitectura medieval de Frisinga y continuando su inmersión en la música de la cultura centroeuropea iniciada en su infancia con la música de Mozart en  la cabeza.  El joven profesor establecía los fundamentos de su pasión por la belleza que luego expresaría en futuros sermones y reflexiones.

El teólogo que se disponía a tratarlos temas surgidos del Concilio Vaticano II y a afrontar los convulsos años 60 con las revueltas estudiantiles. La música siempre estuvo presente y le acompañaba como diría más tarde en los años 90 “La música tiene la facultad de unir a las personas…la respuesta del hombre a la realidad no puede ser sólo la razón como asegura la Ciencia tampoco puede expresar todo lo que el hombre quiere y debe expresar, creo que el arte es algo que Dios ha puesto en el hombre”. Hablaba cada vez  más de la música con el tono de un verdadero enamorado.

El Pontificado de Benedicto XVI y la música de Mozart

El Papa Benedicto XVI admitió su especial afecto por el compositor austríaco Wolfgang Amadeus Mozart y su música sacra que “consigue reflejar la respuesta luminosa del amor divino que da esperanza” incluso en medio del dolor.”

Con motivo de sus cinco años de Pontificado se celebró  un concierto en su honor  en el que se interpretó el Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart (Misa de Réquiem en re menor K 626) en el patio de  en el patio de la residencia  pontificia de Castel Gandolfo. El concierto fue interpretado por la Orquesta de Padua y del Véneto, dirigida por el maestro Claudio Desderi y el Coro “Academia de la Voz “  de Turín  dirigido por la maestra Sonia Franzese.

 Al final del concierto, ofrecido con motivo de sus cinco años de pontificado, el Papa agradeció a los intérpretes y reafirmó el afecto particular que desde siempre lo liga a Mozart. Recordó que cada vez que escuchaba su música volvía con la memoria a su iglesia parroquial, cuando de niño, en los días de fiesta, durante la Misa “percibía en el corazón que un rayo de la belleza del cielo me había alcanzado. Pruebo esta sensación hoy todavía, siempre que escucho esta gran meditación, dramática y serena, sobre la muerte”, dijo.

“En Mozart todo está en perfecta armonía, cada nota y cada frase musical; los opuestos se reconcilian y la ‘serenidad mozartiana’ envuelve todo. Es un don de la gracia de Dios, pero también el fruto de la fe viva de Mozart que, sobre todo en su música sacra, consigue reflejar la respuesta luminosa del amor divino que da esperanza incluso cuando la vida humana está lacerada por el sufrimiento y la muerte”, observó.

 El Papa recordó la última carta del músico a su padre moribundo, en la que Mozart afirma que la imagen de la muerte no le asusta y agradece a Dios la oportunidad de reconocer en ella la clave de la felicidad.

“Es un texto que manifiesta una fe profunda y sencilla, que emerge también en la gran oración del ‘Réquiem’, y nos lleva, al mismo tiempo, a amar intensamente los acontecimientos de la existencia terrenal como un don de Dios y a elevarnos por encima de ellos, mirando serenamente a la muerte como ‘clave’ para atravesar la puerta hacia la felicidad eterna”, explicó.

El Réquiem de Mozart es una elevada expresión de fe, que conoce muy bien la tragedia de la existencia humana y no oculta sus aspectos dramáticos, y por lo tanto una expresión de fe propiamente cristiana, consciente de que toda la vida del ser humano está iluminada por el amor de Dios”, concluyó.

Discurso de Benedicto XVI sobre el Réquiem de Mozart.  La muerte, “una ‘llave’ para atravesar la puerta hacia la felicidad.”  

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Publicado el 9 abril, 2015 en DISCURSOS y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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