PERFIL HUMANO DE BENEDICTO XVI

UN HOMBRE BUENO

DE GRAN CARIDAD Y ORACIÓN

NOTICIA: ALFA Y OMEGA

Quizá por su largo -y pocas veces bien comprendido- servicio a la Iglesia como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quizá por su carácter más próximo a la timidez que a la grandilocuencia, la figura del nuevo Papa Benedicto XVI se ha visto sometida a interpretaciones que no reflejan en realidad su verdadera personalidad. Ofrecemos a continuación diversos testimonios de personas que le han conocido de cerca a lo largo de los últimos años, y que dan una idea más aproximada de su carácter.

El Obispo Cipriano Calderón, Vicepresidente emérito de la Comisión Pontificia para América Latina, ha sido vecino durante años, puerta con puerta, del nuevo Papa en su residencia de Roma. Monseñor Calderón ha comentado, tras la elección del cardenal Ratzinger como Papa, que Benedicto XVI «será un Papa sencillo, humilde, simpático y santo, porque es realmente excepcional». En declaraciones a la agencia de noticias Zenit, monseñor Calderón afirmó: «Comentaba con una de las religiosas alemanas que le atienden que se tendrá que llevar su biblioteca, porque él sin su biblioteca no va a ninguna parte. Tendremos un Papa teólogo con discursos impecables, como su homilía de inicio del Cónclave». Monseñor Calderón Polo saludó al entonces todavía Cardenal Ratzinger el sábado pasado, día en qué cumplía 78 años, y le felicitó. El purpurado bávaro le dijo: «¿Por mi cumpleaños, verdad?», a lo que monseñor Calderón respondió: «Por supuesto, por su cumpleaños, pero sepa que rezo mucho por usted».

MUY CERCANO

Otra de las personas que le ha conocido bien durante estos años es el padre Pedro Barrajón, quien se entrevistó con el Cardenal Ratzinger para obtener indicaciones para su trabajo en una tesis doctoral sobre San Buenaventura -hay que recordar que el actual Papa obtuvo en 1957 su habilitación docente con el trabajo sobre La teología de la Historia, de San Buenaventura-. «Pedí una cita y me recibió, y estuvimos hablando sobre el libro; fue conmigo amabilísimo, parecía que no había tiempo. Posteriormente le mandé mi libro y él, a su vez, me envió una nota manuscrita felicitándome por el texto. Y luego he podido estar con él en diversas ocasiones, en conferencias, en cenas; respecto a lo que muchos periódicos publican, que es el inquisidor, él es todo lo contrario. Me lo he encontrado varias veces en la Plaza de San Pedro, cuando él iba de su casa a trabajar; a veces le saludaba y él se paraba a hablar un momento. Toda esa imagen que le han montado de hombre duro no existe en absoluto. Cuando ha tenido que intervenir desde la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo ha hecho con una gran caridad, puntualizando en teología, pero con una gran caridad, con un gran amor, sin jamás aplastar a la persona. Y es un hombre cercano. Cuando he hablado con él, escucha, es todo oídos. No es alguien que esté pensando en sus ideas. Es un hombre muy cercano».

También tiene el padre Barrajón constancia de la intensa vida de oración del nuevo Papa: «Del testimonio de su secretario, Josef Clemens, se desprende que es un hombre de una gran oración. De hecho no se podría hacer la teología que él hace sin la oración que hay detrás. Y al leer su libro Mi vida. Recuerdos 1929-1997, se constata que las opciones que él tomaba siempre era cuestionando: ¿Cuál es la voluntad de Dios para mí? Una persona no puede hacer este tipo de opciones sin oración».

Otro de los que le ha conocido de cerca es el periodista y escritor Vittorio Messori, quien colaboró con él en su libro Informe sobre la fe: «La leyenda -y, lamentablemente, el odio ideológico de muchos- ha hecho de él un Panzer-Kardinal, un inhumano fanático de la ortodoxia, un verdadero heredero de los grandes inquisidores. El Ratzinger de la realidad, no el del mito, está entre los hombres más bondadosos, comprensivos, cordiales, hasta tímidos, que he podido conocer. El perfil de Ratzinger responde también al de un hombre, entre otras cosas, de fino humor, rápido a la sonrisa: recuerdo una tarde en la mesa, tras un premio que se le había dado, que quiso que le contara algunos chistes que circulaban sobre él en las parroquias. Le referí algunos y me di cuenta de que estaba verdaderamente divertido». Nada que ver con un frío hombre de hierro.

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Publicado el 24 agosto, 2014 en LA OPINIÓN y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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