Entrevista Monseñor Gänswein revista católica PALABRA

MONSEÑOR GEORG GÄNSWEIN

“Del acto de renuncia de Benedicto XVI

han surgido muchos frutos espirituales”

ESPAÑOL / ENGLISH

FUENTE: http://ilsismografo.blogspot.com.es/2014/03/vaticano-del-acto-de-renuncia-de.html

Palabra Marzo 2014

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(Giovanni Tridente)  Entrevista exclusiva a Mons. Georg Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia. Por primera vez el Secretario de Benedicto XVI conversa con un medio de comunicación de habla española, y ofrece su visión del pasado reciente y del momento actual de la Iglesia Mons. Georg Gänswein, arzobispo titular de Urbisaglia, es Prefecto de la Casa Pontificia en la era del Papa Francisco, y Secretario personal del Pontífice emérito Benedicto XVI. Un encargo que sin duda muchos envidian, pues tiene la oportunidad de trabajar y vivir en estrecho contacto con dos grandes personalidades de la Iglesia contemporánea. En esta entrevista exclusiva para PALABRA –la primera concedida a un medio de comunicación de los países de habla española– cuenta algunas cosas de su vida, de sus pasiones y de su trabajo, esa ocupación tan “especial”. Además, recuerda con nosotros los momentos de la renuncia de Benedicto XVI hace un año, y los frutos para la Iglesia entera que de ella han surgido.

LA PERSONA

—Cuéntenos un poco sobre Usted: dónde nació, qué estudios hizo…

Como se sabe, soy alemán. Provengo del sur de Alemania, de la Selva Negra, concretamente de la archidiócesis de Friburgo. Soy el primogénito de cinco hijos: tengo dos hermanos y dos hermanas. He crecido en una familia católica. Después de la selectividad entré en el Seminario arzobispal de Friburgo. Terminé los estudios de Filosofía y Teología en la Universidad de Friburgo y en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma. En 1982 recibí la ordenación diaconal, y a continuación pasé un año en una parroquia, como el resto de mis compañeros de estudios. Finalmente, en mayo de 1984, fui ordenado sacerdote en la catedral de Friburgo.

—¿Y después?

Tras recibir la ordenación sacerdotal fui dos años vicario parroquial en una parroquia grande. Mientras estaba allí, el entonces arzobispo me envió a la Universidad de Munich a estudiar Derecho canónico. Permanecí en Munich siete años, de 1986 a 1993. Durante seis años fui docente en la Universidad. Después de hacer el doctorado regresé a Friburgo como asesor teológico del arzobispo, desarrollando también una actividad pastoral en la catedral. Pensaba que había encontrado mi lugar definitivo, pero un año después pidieron, por medio del Nuncio Apostólico, un colaborador alemán para la Congregación para el Culto Divino en Roma, y me enviaron a mí, aunque según las previsiones había de ser solamente para un tiempo limitado. 

—¿Es ahí donde conoció al cardenal Ratzinger?

—Sí, allí conocí al cardenal Ratzinger. Cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe me pidió que prestara servicios en su Dicasterio, porque un colaborador suyo había sido reclamado desde Alemania. Estamos hablando del año 1996. 
Antes no lo conocía personalmente, pero durante mis estudios teológicos, siendo seminarista, había leído casi todos sus escritos. En Roma yo vivía en el Pontificio Colegio Teutónico, que se encuentra en el interior del Vaticano. Allí venía el cardenal Ratzinger todos los jueves por la mañana a celebrar la Misa con peregrinos, y así fue como nos conocimos. Después de algunos años colaborando en su Dicasterio, me convertí en su secretario personal. Cuando lo eligieron Papa en 2005 continué a su lado, y así hasta el día de hoy. 

—¿Cómo nace su pasión por el Derecho canónico?

—Por mi parte no era en absoluto una pasión innata. Me hice canonista “por fuerza mayor”, ya que la Diócesis tenía necesidad de un futuro Vicario judicial, y habían pensado en mí. Dado que mi tesis de licenciatura en Teología dogmática tenía también un aspecto canónico, se atrevieron a pensar que se trataba de la persona adecuada para confiarle este tipo de encargo. Confieso que inicialmente esta disciplina no me gustaba. Agradezco al director de mi tesis, el profesor Winfried Aymans, que me hiciera descubrir sucesivamente la importancia y también la belleza del Derecho canónico. 

—¿Qué le gusta hacer cuando no “ejerce” como Prefecto?

—Soy un gran apasionado de la naturaleza y las excursiones a la montaña, en todas las estaciones. Me encantan la música y la lectura. En verano regreso durante dos semanas a mi pueblo, para volver a ver a mis familiares, a mis hermanos y a los sobrinos, y dedicar un poco de tiempo a la parroquia. Lamento que, actualmente, dado el tipo de servicio que desempeño, sea poco el tiempo que puedo dedicar a la lectura y a la naturaleza. 

—¿Le resulta posible realizar algún tipo de actividad pastoral?

—Esto es algo que echo mucho de menos. Normalmente me llegan peticiones para que celebre un bautismo o una boda, y si tengo tiempo me gusta aceptarlas. Pero también es cierto que a menudo me falta materialmente el tiempo para dedicarme como quisiera a la actividad pastoral. 

PREFECTO Y SECRETARIO

—A propósito de su tarea: ¿de qué se encarga exactamente el Prefecto de la Casa Pontificia?

—El Prefecto de la Casa Pontificia es responsable, junto con sus colaboradores, de todas las audiencias públicas del Santo Padre, y en primer lugar de la general del miércoles por la mañana, que normalmente tiene lugar en la plaza de San Pedro. Se ocupa también de las audiencias pontificias a los jefes de Estado y de gobierno, a los cardenales, los jefes de Dicasterios, los obispos; de las visitas ad limina de las Conferencias Episcopales; de las visitas de los exponentes de la vida política y cultural, etcétera. Nuestra oficina organiza y coordina estas actividades en estrecha colaboración con el propio Santo Padre y con algunos organismos de la Curia romana, principalmente la Secretaría de Estado. Asimismo compete a la Prefectura ocuparse de las visitas del Santo Padre en su Diócesis –o sea, en Roma– y de los viajes en Italia. A eso se añade la responsabilidad sobre importantes edificios en el Vaticano, como el Palacio Apostólico y sus salas, donde se celebran las audiencias privadas del Papa. No olvidemos que en el Vaticano hay una gran riqueza artística y cultural, que hay que tutelar y mantener. 

—¿Cómo ha cambiado su trabajo tras la elección del Papa Francisco, sobre todo con su decisión de vivir en Santa Marta? 

—La decisión del Papa Francisco de no alojarse en el Palacio Apostólico y permanecer en Santa Marta representó, inicialmente, un cambio bastante sustancial, sobre todo porque había que modificar procedimientos concretos y consolidados. Hemos trabajado mucho para hacer realidad la voluntad del Santo Padre, adaptando los procedimientos a la nueva situación. Y puedo decir que este cambio ahora ya no plantea ningún problema logístico ni organizativo. 

—Teniendo la oportunidad de transcurrir sus jornadas con dos grandes personalidades, tiene Usted un trabajo muy “envidiable”. ¿Se siente un privilegiado? 

—En cierto sentido sí, me siento privilegiado; pero todo esto tiene también su precio. Me siento un privilegiado porque vivo junto al Papa Benedicto, en su misma casa, y comparto también la vida con él, y me siento un privilegiado porque estoy al servicio cotidiano del Papa Francisco. Ciertamente, atender a todas las necesidades de ambos Pontífices tiene un precio en términos de tiempo, fuerzas, sacrificios, ideas, etc. A pesar de todo, estoy muy dispuesto a pagarlo. 

LA RENUNCIA

—Probablemente hay quien todavía no termina de entender el gesto de la renuncia de Benedicto XVI. ¿Cómo lo podemos explicar brevemente a nuestros lectores? 

—Hay que partir de lo que dijo el propio Papa Benedicto el 11 de febrero de 2013: que ya no tenía fuerzas suficientes ni en el ánimo ni en el cuerpo para ser aquella guía fuerte que la barca de Pedro, es decir la Iglesia, necesita en este momento. Ha vuelto a poner en las manos del Señor lo que Él le había dado en abril de 2005, es decir, el ministerio petrino. No lo ha hecho para huir, sino por amor al Señor y a la Iglesia. Si esto no resulta claro, comienzan a difundirse las especulaciones… Entre otras cosas, ya en una famosa entrevista concedida al periodista alemán Peter Seewald, el Papa Benedicto había respondido claramente que existía la posibilidad de que un Papa renunciase. Obviamente no se estaba refiriendo ya a su renuncia. El Derecho canónico, finalmente, prevé que la Sede Apostólica quede vacante por la muerte o la renuncia de un Papa. Es fundamental entender que la renuncia del Papa Benedicto es un acto de amor, de valentía y de gran humildad hacia el Señor y hacia la Iglesia. 

—Usted fue uno de los primeros en conocer esa intención del Santo Padre. ¿Qué pensó en aquellos momentos? Y, ¿cómo recuerda aquel gesto un año después?

—En el momento en que el Papa me confió esa intención suya, bajo el secreto pontificio, instintivamente le respondí que no era posible, que no podía hacerlo… Pero enseguida entendí que no me estaba comunicando una posibilidad sobre la que quisiera reflexionar, sino una decisión tomada después de mucha oración, mucha reflexión y también mucha lucha interior. No me fue fácil, al principio, aceptar esta decisión. Con el tiempo me he dado cuenta de que de este acto surgirían muchos frutos espirituales. A un año de distancia se puede comprender mucho mejor el significado de aquel acto tan valeroso, después de la conmoción inicial. 

—¿Qué verdadera gran herencia ha dejado a la Iglesia el pontificado de Benedicto XVI?

—La gran herencia que Benedicto XVI deja a la Iglesia no se puede encerrar en una sola palabra. Ante todo, ha dado un lúcido ejemplo de amor al Señor y a su Esposa, que es la Iglesia. Es un ejemplo que todos pueden fácilmente comprender, tanto creyentes como no creyentes. Tratándose de una persona con un espíritu muy agudo –era un verdadero maestro de la Palabra–, el Papa Benedicto ha dejado una gran riqueza magisterial. Ha sembrado mucho en este ámbito, y estoy seguro que dará muchos frutos en el futuro.

—A su entender, ¿por qué hubo tantos “problemas” en los ocho años de Pontificado?

—Que un Pontífice tenga que hacer frente todos los días a problemas pequeños y grandes es una cosa evidente, es una característica de su ministerio petrino, forma parte de sus esfuerzos cotidianos. Esto vale para todos los Papas, no solamente para el Papa Benedicto. Que luego, a veces, los problemas se acumulen y se vuelvan más pesados, depende de muchos motivos y circunstancias. Hay que estar atento, sin embargo, para distinguir los problemas verdaderos de los “virtuales”, los que aparecen sólo en los medios de comunicación o incluso son creados por los medios. La realidad “real” y la realidad comunicada no siempre concuerdan. Esto vale también, y sobre todo, para el pontificado de Benedicto XVI. 

—¿Qué ha pensado ante la gran atención que han dado los medios de comunicación a Benedicto XVI en el primer aniversario de su renuncia? ¿Habrán vuelto a creer, en cierto modo, muchos escépticos de la primera hora? 

—Creo que, a distancia de un año, no pocos de aquellos que criticaron a Benedicto XVI se han dado cuenta de que muchas de sus críticas no eran fundadas. Las críticas no fundadas no se pueden siquiera desmentir o rechazar, porque se les estaría dando una atención y un peso que no merecen. Por tanto, tengo mucha confianza en que la historia ayudará a aclarar y a separar el grano de la paja: el bien del mal, lo que es verdad de lo que no vale nada. 

CRITICAS NO FUNDADAS

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VIDA DE UN PAPA EMÉRITO

—¿Cómo pasa sus jornadas Benedicto XVI? ¿Nos puede contar alguna anécdota para los lectores de lengua española?

—El Papa Benedicto había dicho que se retiraría al monte, y efectivamente, el monasterio Mater Ecclesiae, donde vive, se encuentra en el punto más alto de los Jardines Vaticanos. Allí está escondido para el mundo, pero presente en la Iglesia. No interviene en el gobierno del Papa Francisco, pero reza por su sucesor y por toda la Iglesia: esta es ahora su misión. Ha dejado el gobierno de la Iglesia para seguir rezando. 
Su jornada concreta está bien ordenada. Todos los días comienza con la Santa Misa, a la que siguen la acción de gracias y el Breviario. Luego desayuna. Por la mañana se dedica a la lectura y a la correspondencia, y recibe también algunas visitas. Después de comer da un pequeño paseo y luego no puede faltar el reposo: la “siesta”, como dicen los españoles. La tarde comienza con el Rosario, que rezamos juntos caminando por el pequeño bosquecillo que hay a las espaldas del monasterio. Luego sigue con la lectura, ve el telediario y da otro pequeño paseo en la terraza. A continuación Benedicto se retira a su habitación; puede que alguna vez también se oiga el piano… 

—Se dice que son muchas las personas que escriben a Benedicto XVI. ¿Qué género de cartas recibe? ¿Las hay de personas que no comparten su decisión?

—En efecto, son muchas las cartas que llegan cada día. Al principio, no pocas de ellas mostraban que algunas personas habían vivido la renuncia como un impacto, no comprendían la decisión, o su fe se había visto sometida a dura prueba. Poco a poco este tipo de cartas ha desaparecido, y han aumentado las de agradecimiento y gratitud, las peticiones de oración o la expresión del deseo de visitar al Papa emérito. Sin duda, la correspondencia personal del Papa refleja un gran amor hacia su persona, pero también hacia la Iglesia. 

—También parece que en las Misas dominicales para la familia pontificia en la Capilla del monasterio predica la homilía, que prepara por escrito el día anterior, pero que luego pronuncia libremente… 

—Es exactamente así. Prepara la homilía el sábado, poniéndola por escrito, pero luego la pronuncia libremente. Por tanto, todo lo que predica, aunque no lo lea, está bien preparado por escrito….

—Como Secretario de Benedicto XVI, ¿es Usted quien le propone las cosas que ha de hacer? ¿Se ocupa, por ejemplo, de programar también el descanso del Papa emérito?

—La pregunta no es del todo correcta. Yo no le propongo las cosas que ha de hacer, sino que le ayudo a hacerlas. No es lo mismo… Ahora, en efecto, la situación es un poco diversa. Cuando me pide que le haga alguna propuesta, ciertamente procuro formularla. Nos conocemos hace muchos años, y por tanto nos entendemos bien. Como es lógico, las citas a las visitas o la distribución de la correspondencia y la organización de cosas concretas me corresponden a mí, y lo hago encantado. 

DOS PAPAS

—¿Cómo vivió el Papa Benedicto las fases del Cónclave, y cómo acogió la noticia de la elección de su sucesor?

 —Después de la renuncia vivió dos meses en Castel Gandolfo, y en la medida de lo posible siguió las fases anteriores al Cónclave y el Cónclave mismo a través de los medios de comunicación. La tarde de la fumata blanca, el Papa Francisco me expresó su deseo de hablar con Benedicto XVI. Y efectivamente, poco después, aquella misma tarde, le llamó por teléfono. 

—Más allá de lo que trasciende al exterior por de los medios de comunicación, y desde el punto de vista de su experiencia, ¿cuáles son los rasgos comunes a Benedicto XVI y a Francesco? ¿En qué son distintos?

—Lo que tienen plenamente en común es el amor por el Señor y por la Iglesia. Este amor es la base de todo lo que hacen. En cambio, son distintos en la personalidad, en los gestos, en los comportamientos. Los gestos del papa Francisco son típicamente suyos, mientras que el Papa Benedicto tiene un carácter más bien reservado. Los dos han aportado al ministerio petrino los dones y los talentos que el Señor les ha dado.

—¿Qué piensa Benedicto XVI del Papa Francisco, y del gran éxito de público que está teniendo?

—Benedicto XVI está muy contento de que su sucesor tenga ese gran éxito de público. Es bueno para la imagen de la Iglesia y de la fe. Sin embargo, no debemos olvidar que la medida de un Pontificado no es el “éxito” externo, sino lo que es justo ante el Señor. El aprecio por parte de Benedicto XVI hacia su sucesor se basa en un fundamento humano y también teológico. 

—¿Cómo recibió Benedicto XVI la decisión de Francisco de asumir buena parte de la encíclica sobre la fe?

 —Con alegría y gratitud. El propio Papa Francisco ha dicho que se trata de un documento escrito a cuatro manos. Considero que este hecho es un signo innegable de la continuidad entre los dos Pontificados. No obstante la diversidad exterior, hay una clara unidad y continuidad interior, es decir, acerca del Magisterio. Y es también un claro signo de aprecio por el trabajo realizado por su predecesor. 

—¿Cree que en la ceremonia de canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II podríamos ver a Benedicto XVI como concelebrante, junto al Papa Francisco? 

—No soy un profeta: no lo sé. Podría ser que estuviera presente, pero ciertamente no como concelebrante. 

—A propósito: ¿cómo era la relación entre el cardenal Ratzinger y Juan Pablo II? ¿Hace todavía referencias al beato polaco el Papa emérito? 

—La relación entre el beato Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger era muy intensa, y se caracterizaba por un afecto y una estima grandes. Creo que el Papa Wojtyla es una de las personas más apreciadas por Benedicto, si no la más apreciada. Ese aprecio ha permanecido inalterado también después de su muerte. Por otro lado, es conocido el gran afecto del Papa Juan Pablo II hacia el cardenal Ratzinger. 

LOS RETOS DE LA IGLESIA 

—Usted es alemán, como el Papa emérito. ¿Cuál es la situación de la Iglesia en su patria? ¿Qué necesidades tiene? 

—La Iglesia en Alemania vive la misma situación que se registra en muchos otros países de Europa central. Lamentablemente, los fieles disminuyen, así como la asistencia a la Misa dominical; hay pocos niños y, en consecuencia, también pocos padres. Creo que es necesario que vuelva a florecer la catequesis, y que hay que intentar que se entienda mejor que la fe no es un peso que añade una carga a la vida, sino algo completamente distinto. La fe ayuda a llevar el peso de cada día, y es fuente de alegría. Si no conseguimos que los fieles tengan una idea clara, una clara convicción de lo que quiere decir creer, tener fe, ser miembro de la Iglesia, encontrar a Jesús, dudo que la vida y la práctica cristianas puedan ser pujantes. En definitiva, repito, es necesario que vuelva a florecer el anuncio de la fe. 

—Benedicto XVI visitó por última vez Alemania en 2011. ¿Qué momento de aquel viaje apostólico se le quedó más grabado?

—Hay tres momentos que me impresionaron particularmente: el discurso del Papa en el Parlamento Federal, en Berlín; la liturgia mariana en Eichsfeld, es decir, en la zona este de Alemania, de mayoría protestante; y, por último, la Santa Misa en Friburgo, mi Diócesis. Pero todo el ambiente de aquel viaje fue realmente bello y emotivo. 

—Como obispo, ¿qué espera del próximo Sínodo sobre la familia? 

—Tengo la confianza de que de esta Asamblea saldrán respuestas válidas para afrontar los retos actuales que se refieren a la familia, basadas en la doctrina y la tradición de la Iglesia. 

—¿Qué opina ante la deriva relativista de Europa (y de sus instituciones)?

—Si Europa pierde o incluso vende su alma cristiana, se convertirá en un conglomerado anónimo que dejará de tener un futuro prometedor. 

—Usted tiene formación canónica. ¿Qué hay que esperar de la llamada reforma de la Curia, en la que está trabajando el Consejo de Cardenales? Por cierto, ¿tiene la Iglesia necesidad de ser reformada?

—La primera y más importante reforma se refiere al corazón de los fieles, al corazón de todos nosotros. Ahí es donde hay que empezar y volver a empezar… Si luego además es recomendable o necesario modificar algunas estructuras en la Iglesia o en la Curia romana, que sean bienvenidas las buenas propuestas. Sabemos que la Iglesia “semper reformanda”, ha de ser siempre reformada, por lo que estamos ante una experiencia no nueva, y que se puede comparar a un árbol: hay que cortar las ramas secas para permitir que la planta florezca mejor. Naturalmente, todo hay que hacerlo de manera orgánica. 

—Un tema del que se habla a menudo es el de la transparencia financiera de la Iglesia. ¿Cómo están las cosa ahora?

—Confieso francamente que no lo sé, porque no formo parte de ninguna de las dos Comisiones instituidas por el Papa Francisco para la transparencia financiera. Sé solamente que todos esperan resultados en tiempos no demasiado lejanos. 

—Usted ha sido testigo: ¿cuánto ha sufrido Benedicto XVI por el escándalo de los abusos cometidos por algunos miembros del clero?

—Ya cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger afrontó de modo enérgico la cuestión de la pedofilia y de los abusos sexuales cometidos por clérigos, e impulsó la búsqueda de soluciones. Siempre ha ido en la dirección de aclarar lo que había ocurrido. Lo que inició como Prefecto lo ha continuado e intensificado como Pontífice. Los abusos cometidos por clérigos fueron causa de un gran sufrimiento para el Papa Benedicto. 

—Como pastor, ¿cuáles son en su opinión los grandes retos que está llamada a afrontar la Iglesia de los próximos años?

—El reto más importante y más urgente es mover a los fieles para que se encuentren con el Señor, para que quieran conocer a Jesucristo. Si tengo un contacto directo con el Señor, todos los problemas resultan relativos. De otro modo se transforman en montañas que no podemos escalar solos. Si mi fe es viva, estoy en condiciones de afrontar y superar los problemas, que ciertamente no faltarán. Encontrar al Señor y a su Iglesia: esto debe tener la prioridad en nuestras actividades. Todas las demás cuestiones han de ser afrontadas en relación con ésta. 

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—¿Cómo ve su futuro? 

—Fui nombrado Prefecto de la Casa Pontificia en 2012 por el Papa Benedicto, y he sido confirmado por el Papa Francisco en 2013; además, sigo siendo secretario personal del Pontífice emérito. Estos dos encargos son para mí un desafío, y al mismo tiempo una gracia. Intento con todas mis fuerzas servir a los dos Papas, y lo intentaré también en el futuro.

ENGLISH: Translation by ZENIT

An Interview with Archbishop Georg Gaenswein

Rome, March 06, 2014 (Zenit.org) Giovanni Tridente

This week, the Spanish magazine ‘Palabra’ carried an exclusive and extensive interview with Archbishop Georg Gaenswein, prefect of the Papal Household and Pope Emeritus Benedict XVI’s personal secretary. With Palabra’s permission, we republish the interview in which he talks about his passions and his work, and his very “special” occupation. He recalls the moments of Benedict XVI’s resignation a year ago, and the fruits that have emerged from it for the whole Church. This is the first of two parts; the second part can be read here. Translation by ZENIT.

***

–Q: Tell us a bit about yourself: where you were born, your studies  …

–Archbishop Gänswein: As is known, I am German. I come from the south of Germany, from the Black Forest, concretely from the Archdiocese of Fribourg. I am the eldest of five children: I have two brothers and two sisters. I grew up in a Catholic family. After the University Entrance Examination, I entered the Archdiocesan Seminary of Fribourg. I finished my studies in Philosophy and Theology in the University of Fribourg and in the Pontifical Gregorian University in Rome. In 1982 I received the diaconal ordination, and then spent a year in a parish, as the rest of my fellow students. Finally, in May of 1984, I was ordained a priest in the Cathedral of Fribourg.

–Q: And after that?

–Archbishop Gänswein: After receiving priestly ordination, I was parish vicar in a large parish. While I was there, the then Archbishop sent me to the University of Munich to study Canon Law. I stayed in Munich for seven years, from 1986 to 1993. For six years I was a docent at the University. After doing my doctorate I returned to Fribourg as theological adviser to the Archbishop, also carrying out pastoral activity in the Cathedral. I thought I had found my definitive place, but a year later, through the Apostolic Nuncio, they asked for a German collaborator for the Congregation of Divine Worship in Rome, and they sent me, although according to the plan, it would be only for a limited time.

–Q: Did you meet Cardinal Ratzinger there?

–Archbishop Gänswein: Yes, I met Cardinal Ratzinger there. When he was Prefect of the Congregation for the Doctrine of the Faith he asked me to work in his Dicastery, because a collaborator of his had been recalled to Germany. We are talking about the year 1996.

Before I didn’t know him personally, but during my theological studies, being a seminarian, I had read almost all his writings. In Rome I lived in the Pontifical Teutonic College, which is located inside the Vatican. Cardinal Ratzinger came there every Thursday morning to celebrate Mass with pilgrims, and that’s how we met. After a few years collaborating in his Dicastery, I became his personal secretary. When he was elected Pope in 2005, I continued at his side, and have done so up to today.

–Q: How was your passion for Canon Law born?

–Archbishop Gänswein: On my part, it wasn’t an innate passion. I became a canonist by a force majeure, as the Diocese was in need of a future judicial Vicar, and they thought of me. Given that my thesis for my licentiate in Dogmatic Theology also had a canonical aspect, they dared to think that I was the right person to be entrusted with this type of work. I admit that initially I didn’t like this discipline. I thank the director of my thesis, Professor Winfried Aymans who, subsequently, made me discover the importance and also the beauty of Canon Law.

–Q: What do you like to do when you are not working as Prefect?

–Archbishop Gänswein: I am very passionate about nature and excursions to the mountains in all the seasons. I love music and reading. In summer I return to my village for two weeks, to see my family again, my siblings and nephews, and to dedicate some time to the parish. I regret that, at present, given the service I carry out, there is little time to dedicate to reading and to nature.

–Q: Is it possible for you to carry out some type of pastoral activity?

–Archbishop Gänswein: This is something I miss very much. Normally I receive requests to celebrate a Baptism or a wedding and, if I have the time, I like to accept them. But it’s also true that often the time is materially lacking for me to dedicate myself as I would like to pastoral activity.

PREFECT AND SECRETARY

–Q: About your work, what exactly is the responsibility of the Prefect of the Papal Household?

–Archbishop Gänswein: The Prefect of the Papal Household is responsible, together with his collaborators, for all the public audiences of the Holy Father and, in the first place, of the General Audience on Wednesday morning, which usually takes place in Saint Peter’s Square. He is also in charge of the papal audiences to Heads of State and of Government, to Cardinals, to heads of Dicasteries, Bishops; of the visit ad limina of the Episcopal Conferences; of the visits of exponents of political and cultural life, etc. Our office organizes and coordinates activities in close collaboration with the Holy Father himself and with some organisms of the Roman Curia, primarily the Secretariat of State. It is also the Prefecture’s responsibility to organize the Holy Father’s visits in his diocese, that is, in Rome, and his trips in Italy. Added to this is its responsibility for the most important buildings in the Vatican, such as the Apostolic Palace and its halls, where the Pope’s private audiences are held. Let’s not forget that there is in the Vatican a great artistic and cultural wealth that must be protected and maintained.

–Q: How has your work changed since Pope Francis’ election, especially with his decision to live in Santa Martha’s?

–Archbishop Gänswein: Pope Francis’ decision not to stay in the Apostolic Palace but to stay at Santa Marta’s was, initially, quite a substantial change, especially because concrete and consolidated procedures had to be modified. We have worked a lot to make the Holy Father’s wish a reality, adapting procedures to the new situation. And I can say that this change no longer poses either a logistical or an organizational problem.

–Q: Having the opportunity to spend your days with two great personalities, you have a very “enviable” job. Do you feel privileged?

–Archbishop Gänswein: In a certain sense yes, I do feel privileged, but all this also has its price. I feel privileged because I live with Pope Benedict in his house and I also share life with him, and I feel privileged because I am at the daily service of Pope Francis. To attend to the needs of both Pontiffs certainly has a price in terms of time, strength, sacrifices, ideas, etc. Despite everything, I am very willing to pay it.

THE RENUNCIATION

–Q: There are probably some people who still do not understand the gesture of Benedict XVI’s renunciation. How can we explain it briefly to our readers?

–Archbishop Gänswein: We must start from what Pope Benedict himself said on February 11, 2013: that he no longer had the strength, in spirit or body, to be the strong guide that Peter’s bark, that is, the Church, needs at this time. He put back into the Lord’s hands what He gave him in April of 2005, namely, the Petrine ministry. He didn’t do it to flee, but out of love for the Lord and the Church. If this isn’t clear, speculations begin to spread … among other things, already in a famous interview granted to German journalist Peter Seewald, Pope Benedict answered clearly that there was the possibility that a Pope could resign. Obviously he wasn’t referring then to his renunciation. Canon Law provides for the Apostolic See to be vacant by the death or renunciation of a Pope. It is fundamental to understand that Pope Benedict’s renunciation was an act of love, of courage and of great humility towards the Lord and towards the Church.

–Q: You were one of the first to know that intention of the Holy Father. What did you think at that time? And, how do you remember that gesture a year later?

–Archbishop Gänswein: The moment the Pope confided to me his intention, under papal secrecy, instinctively I answered that it wasn’t possible, that he couldn’t do it … However, I understood immediately that he was not communicating to me a possibility on which he would like to reflect, but a decision taken after much prayer, much reflection and also much interior struggle. It wasn’t easy for me at the beginning to accept this decision. Over time I realized that many spiritual fruits would emerge from this act. A year later one can understand much better the meaning of that very courageous act, after the initial commotion.

–Q: What really great legacy has Benedict XVI’s pontificate left the Church?

–Archbishop Gänswein: The great legacy that Benedict XVI leaves the Church can’t be enclosed in a word. First of all, he has given a lucid example of love of the Lord and of his Bride, which is the Church. It’s an example that everyone can easily understand, both believers as well as non-believers. Being the case of a person with a very acute spirit — he was a true teacher of the Word –, Pope Benedict has left a great magisterial richness. He has sown much in this ambit, and I’m sure that it will bear much fruit in the future.

–Q: In your understanding, why were there so many “problems” in the eight years of his Pontificate?

–Archbishop Gänswein: That a Pontiff has to address every day small and great problems, is a characteristic of his Petrine ministry; it is part of his daily efforts. This is true for all Popes, not only for Pope Benedict. That afterwards, the problems sometimes accumulate and become heavier, depends on many reasons and circumstances. One must be attentive, however, to distinguish real problems from “virtual” ones, those which appear only in the media or are even created by the media. The “real” reality and the reality communicated don’t always agree. This was also and especially true of Benedict XVI’s Pontificate.

–Q: What did you think, given the great attention that the media gave to Benedict XVI on the first anniversary of his renunciation? Have many skeptics of the first hour, in a certain sense, believed again?

–Archbishop Gänswein: I think that, with a year’s distance, not a few of those who criticized Benedict XVI have realized that many of their criticisms were unfounded. Unfounded criticisms can’t be denied or rejected either, because they would be given an attention and weight that they don’t deserve. Therefore, I am very confident that history will help to clarify and to separate the grain from the straw: good from evil, what is true from what is worthless.

LIFE OF A POPE EMERITUS

–Q: How does Benedict XVI spend his days? Can you tell us an anecdote for the Spanish-speaking readers?

–Archbishop Gänswein: Pope Benedict said that he would retire to the mountains and, in fact, the Mater Ecclesiae convent where he lives, is located in the highest point of the Vatican Gardens. There he is, hidden from the world, but present in the Church. He doesn’t intervene in Pope Francis’ government, but he prays for his successor and for the whole Church: this is his mission now. He has left the governance of the Church to continue praying.

His concrete day is well ordered. He begins every day with Holy Mass, followed by thanksgiving and the Breviary. Then he has breakfast. He dedicates the morning to reading and to correspondence, and also receives some visitors. After lunch he takes a short walk and then rest cannot be lacking: the “siesta,” as the Spanish say. The afternoon begins with the Rosary, and we pray together walking in the little forest that is behind the convent. Then he continues to read, watches the television news, and has another little walk in the terrace. Then Benedict goes to his room; at times one can also hear the piano …

–Q: It is said that many people write to Benedict XVI. What sort of letters does he receive? Are there letters from those who don’t share his decision?

–Archbishop Gänswein: Indeed, many letters arrive every day. In the beginning, not a few of them showed that some persons were struck by the renunciation, they didn’t understand his decision, or their faith was subjected to a harsh trial. Little by little these types of letters have disappeared and those of thanksgiving and gratitude have increased: the requests for prayers or the expression of the desire to visit the Pope Emeritus. Undoubtedly, the Pope’s personal correspondence reflects great love for his person, but also for the Church.

–Q: It also seems that in the Sunday Masses for the papal family in the convent’s chapel he preaches the homily, which he prepares in writing the day before, but which he then freely delivers …

–Archbishop Gänswein: It’s exactly like that. He prepares the homily on Saturday, writing it down, but then he delivers it freely. So, everything that he preaches, even if he doesn’t read it, is well prepared in writing ….

–Q: As Benedict XVI’s secretary, do you propose the things he has to do? Are you involved, also, in planning the Pope Emeritus’ rest?

–Archbishop Gänswein: The question isn’t altogether correct. I don’t propose the things he is to do, but I help him to do them. It’s not the same thing. Now, in fact, the situation is somewhat different. When he asks me to make a proposal, I certainly try to formulate it. We have known one another for many years, so we understand each other well. As is logical, the appointments for visitors or the distribution of the correspondence and the organization of concrete things are up to me, and I do it gladly.

TWO POPES

–Q: How did Pope Benedict live the phases of the Conclave and how did he receive the news of the election of his successor?

–Archbishop Gänswein: After the renunciation he lived for two months in Castel Gandolfo and, in so far as possible, he followed the preceding phases of the Conclave and the Conclave itself through the media. On the afternoon of the white smoke, Pope Francis expressed to me his desire to speak with Benedict XVI. And, in fact, shortly after, he called him on the telephone that same afternoon.

–Q: Beyond that which is leaked to the outside by the media and from the point of view of your experience, what are the common features of Benedict XVI and Francis? In what way are they different?

–Archbishop Gänswein: What they have fully in common is their love of the Lord and of his Church. This love is the basis of everything they do. Instead, they are different in personality, in gestures, in behavior. Pope Francis’ gestures are typically his, whereas Pope Benedict has a rather reserved character. They have both brought to the Petrine ministry the gifts and talents that the Lord has given them.

–Q: What does Benedict XVI think of Pope Francis and of the great success he is having with the public?

–Archbishop Gänswein: Benedict XVI is very happy that his successor is having such great success with the public. It’s good for the image of the Church and of the faith. However, we must not forget that the measure of a Pontificate is not the external “success” but what is right before the Lord. Benedict XVI’s appreciation for his successor is based on a human and also theological foundation.

–Q: How did Benedict XVI receive Francis’ decision to assume a good part of the encyclical on faith?

–Archbishop Gänswein: With joy and gratitude. Pope Francis himself has said that it is a document written by four hands. I consider this fact an undeniable sign of the continuity between the two Pontificates. Despite the exterior diversity, there is a clear interior unity and continuity, that is, of the Magisterium. And it’s also a clear sign of appreciation for the work done by his predecessor.

–Q: Do you think that in the ceremony of canonization of John XXIII and John Paul II we might see Benedict XVI as concelebrant with Pope Francis?

–Archbishop Gänswein: I’m not a prophet: I don’t know. It might be that he is present, but certainly not as concelebrant.

–Q: In this connection, how was the relationship between Cardinal Ratzinger and John Paul II? Does the Pope Emeritus still make reference to the Polish Blessed?

–Archbishop Gänswein: The relationship between Blessed John Paul II and Cardinal Ratzinger was very intense, and was characterized by great affection and esteem. I think Pope Wojtyla is one of the most persons Benedict appreciates most, if not the one he most appreciates. That appreciation has remained unaltered also after his death. Moreover,  the great affection that Pope John Paul II had for Cardinal Ratzinger is also known.

THE CHALLENGES OF THE CHURCH

–Q: You are German, as is the Pope Emeritus. What is the situation of the Church in your homeland? What needs does it have?

–Archbishop Gänswein: The Church in Germany is living the same situation registered in many other countries of Central Europe. Sadly, the faithful are decreasing, as well as attendance at Sunday Mass. There are few children and, consequently, few parents. I think it’s necessary that catechesis flower again and we must try to have it understood better that faith is not a weight that adds a burden to life, but something completely different. Faith help to bear the weight of each day, and it is the source of joy. If you don’t succeed in having the faithful have a clear idea, a clear conviction of what it means to believe, to have faith, to be a member of the Church, to encounter Jesus, I doubt that Christian life and practice can be strong. In a word, I repeat, it is necessary that the proclamation of the faith flower again.

–Q: Benedict XVI visited Germany for the last time in 2011. What moment of that apostolic journey is most memorable to you?

–Archbishop Gänswein: There were three moments that struck me particularly: the Pope’s address in the Federal Parliament in Berlin; the Marian liturgy at Eichsfeld, namely, in the eastern area of Germany, of Protestant majority and, finally, the Holy Mass in Fribourg, my Diocese. But the whole atmosphere of that trip was really beautiful and moving.

–Q: As Bishop, what do you expect from the forthcoming Synod on the Family?

–Archbishop Gänswein: I am confident that from this Assembly valid answers will emerge to address the present challenges that refer to the family, based on the Doctrine and Tradition of the Church.

–Q: What is your opinion on the relativist drift of Europe (and of its institutions)?

–Archbishop Gänswein: If Europe loses or sells its Christian soul, it will become an anonymous conglomerate, which will no longer have a promising future.

–Q: You have canonical formation. What can be expected of the so-called reform of the Curia, on which the Council of Cardinals is working? Is the Church certainly in need of being reformed?

–Archbishop Gänswein: The first and most important reform refers to the heart of the faithful, to the heart of all of us. We must begin there, and begin again … If then, in addition, it is recommended or necessary to modify some structures in the Church or in the Roman Curia, may good proposal be welcomed.

We know that the Church “semper reformada,” must always be reformed, so that we are before an experience which isn’t new, and which can be compared to a tree: the dry branches must be cut to allow the plant to flower better. Naturally, it must all be done in an organic way.

–Q: A subject which is often talked about is that of the financial transparency of the Church. How are things now?

–Archbishop Gänswein: I admit, frankly, that I don’t know, because I’m not part of either of the two Commissions instituted by Pope Francis for financial transparency. I only know that everyone expects results in the near future.

–Q: You were a witness: how much did Benedict XVI suffer because of the scandal of abuses committed by some members of the clergy?

–Archbishop Gänswein: Already when he was Prefect of the Congregation for the Doctrine of the Faith, Cardinal Ratzinger addressed energetically the question of pedophilia and the sexual abuses committed by clerics, and he promoted the search for solutions. He has always gone in the direction of clarifying what happened. What he began as Prefect he continued and intensified as Pontiff. The abuses committed by clerics were the cause of great suffering for Pope Benedict.

–Q: As pastor, in your opinion what are the great challenges that the Church is called to address in the coming years?

–Archbishop Gänswein: The most important and most urgent challenge is to move the faithful to encounter the Lord, so that they desire to know Jesus Christ. If one has a direct contact with the Lord, all problems are relative. Otherwise, they become mountains that we can’t climb alone. If one’s faith is alive, one is able to address and surmount the problems, which will certainly not be lacking. What must have the priority in our activities is to encounter the Lord and his Church. All the other questions must be addressed in relation to this one.

–Q: How do you see your future?

–Archbishop Gänswein: I was appointed Prefect of the Papal Household in 2012 by Pope Benedict and I was confirmed by Pope Francis in 2013. In addition, I continue to be the personal secretary of the Pontiff Emeritus. These two tasks are a challenge for me and at the same time a grace. I try with all my strength to serve the two Popes, and I shall try to do so also in the future.

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Publicado el 1 marzo, 2014 en ENTREVISTAS Y REPORTAJES, NOTICIAS PADRE GEORG y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Beatriz Aguirre

    Monseñor Gänswein, los privilegiados somos nosotros, que tenemos la imensa suerte de “verlo” cada dia, en esta pagina que le sigue incansablemente. Gracias a ella sabemos todo sobre S.E. proporcionandonos una información puntual, respetuosa y veraz de todo lo que le acontece. Aunque ya sabemos casi todo sobre su vida, es un placer leer sus entrevistas, en cada una de ellas descubrimos un poco más de su personalidad, sobre lo que le apasiona, sus disciplinas favoritas, regresar a su pueblo en verano con su familia y a su Parroquia, lamentandose, de no poder ejercer, como la gustaria su actividad pastoral….Aqui, me uno al precioso comentario de Maria Pilar, agradeciendole cada una de sus palabras. Gracias Monseñor, testimonio de fe, de inquebrantable fidelidad, incansable sercicio a la Iglesia e impagable ejemplo. Beatriz Aguirre.

  2. Un privilegio, un dasafío, una gracia,así es como Monseñor Gänswein siente el encargo que le hicieron el Papa Emérito Benedicto XVI y el Papa Francisco.
    Monseñor Gänswein está en la primera línea de servicio a Dios y a la Iglesia, seguro que con muchas renuncias por su parte pero también con grandísimas satisfacciones.Usted está sirviendo al Evangelio del Señor con todas sus fuerzas físicas, espirituales de mente, de alma y de corazón, e inumerables personas estamos a su lado y rogamos por Usted Gracias, Monseñor, por su maravilloso servicio y entrega totales. Gracias por estas preciosas declaraciones a una revista católica española. Siga Usted animándonos a todos con su sonrisa, con su fe, con su alegría, con su delicada solicitud y fidelidad, con la donación de su vida al servicio de dos Papas, a la Iglesia y a Dios. GRACIAS, MONSEÑOR, por todo.
    Siempre en mi recuerdo y en mi oración cotidiana. M.P.M.R.

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