S.E. MONS. GÄNSWEIN: HOMILIA EN LARINO – 17/11/2013

17 De noviembre de 2013 Larino celebra el 450 aniversario de su seminario, puesta en servicio parroquial celebrada por el prefecto de la Casa Pontificia

(En español e italiano)

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ESPAÑOL:

Queridos hermanos y hermanas,

El año liturgico está llegando a su final y la liturgia que celebramos nos invita a reflexionar sobre la últimas cosas, en el día donde el fuego está por venir, como hemos escuchado al profeta Malaquías y también en el pasaje del Evangelio de Lucas enfatiza el tema del fin de los tiempos. Pero el lenguaje escatologico usado por el evangelista no indica la caída literal de la totalidad o el fin de la Tierra, quiere simbolicamente indicar el fin de nuestro tiempo, de nuestro mundo. Este es el final en un cierto modo de concebir la vida, el fin de los comportamientos que se combinan para ciertos ideales, ciertas prioridades lejos de la justicia del Evangelio. Yo quisiera ofrecer cuatro pensamientos, no tres, sino cuatro pensamientos que pueden ayudar a entender mejor el Evangelio que acabamos de escuchar.
El primer pensamiento es: los trágicos acontecimientos no nos deben desconcertar. Los acontecimientos trágicos no nos deben desconcertar. Cuando el evangelista Lucas escribió su evangelio, su generación estaba atemorizada por las guerras, los desastres naturales y las terribles persecuciones. Además, hemos añadido la experiencia de la hostilidad de muchos de sus contemporáneos en sus corazones. Y los falsos profetas habían abusado de la situación política y religiosa. Y lo más importante, la ausencia del Retorno, es decir, de la Segunda Venida del Señor se había llevado la fe y la esperanza.

Lucas no minimiza nada, ve con bastante realismo los acontecimientos que estaban ocurriendo en el mundo en aquellos tiempos. Los tiempos eran difíciles. Basta pensar en la destrucción de la ciudad de Jerusalén, antetodo el Templo, en primer lugar, el asesinato de miles de Judios, la erupción destructiva del Vesubio y, sobre todo, el martirio de los Apóstoles. Teniendo en cuenta estas experiencias horribles, el evangelista anunció: “Cuidado con que nadie os engañe, ni os dejéis aterrorizar! No sigais a los salvadores “autoproclamados”.

Queridos hermanos y hermanas, con fe permanecen la serenidad y la paz porque el reino de Dios no vendrá con aparentes signos visibles. Bajo la impresión de las situaciones amenazantes de los cristianos San Lucas anuncia la buena noticia de que el miedo no pertenece a todos los que creen en Cristo. El miedo no pertenece a todos los que creen en Cristo porque Dios se encuentra en el lado de toda esa angustia. La situación lamentable para él no se dio por la realización del mundo (…) La firme posición importante. En tiempos de crisis de ahora e incluso en tiempos de cambio profundo, no hay que caer en el pánico, sino caminar con firmeza, con firmeza por el camino correcto.

A continuación, el segundo pensamiento decisivo es vivir en el presente. Vive en el presente. Jesucristo nunca prometió una vida sin problemas a todos los que creen en Él y le siguen. Por el contrario, el Señor invita más bien a aceptar los desafíos del presente y tomar decisiones que sean coherentes con la voluntad de Dios, su objetivo claro deja también hoy que el amor de Dios que está con nosotros siempre y en todas partes. Se debe percibir con atención su cercanía en todas nuestras acciones. Cuando nuestra fe supera la inercia y la indiferencia, Dios puede también actuar hoy. No debemos confiar en las falsas esperanzas que se ofrecen hoy en día, que se basan en conceptos frágiles y consideraciones menores. Incluso en el mundo de hoy son parte de la Escuela de la Salvación, a pesar de los poderes que desprecian al hombre.

La presencia de Dios, queridos hermanos y hermanas, en la fe nos da un enfoque seguro que ni el terrorismo, ni las acciones de los fanáticos pueden destruir. Dios guía la historia del mundo a su fin. En esta esperanza, en este consuelo debemos transmitir Él a cada uno de nosotros en el mundo, hoy como ayer, el evangelista Lucas. Al mismo tiempo, es nuestro deber de dar voz a todos aquellos cristianos asediados en diferentes continentes para mostrar su solidaridad hacia ellos.

El tercer pensamiento, el futuro podemos ponerlo en confianza en la mano de Dios, para nosotros los cristianos, el futuro tiene un nombre, se llama Jesucristo. Nuestra vida, todo el mundo se orienta hacia Él. Miguel Ángel lo describe de una manera impresionante en su bello fresco en la Capilla Sixtina en el Vaticano. No un poder anónimo, no un poder oscuro decide el fin de la humanidad y la obra del pasaje del mundo, pero una Persona con un rostro humano – Jesucristo Crucificado y Resucitado. Estamos a salvo en Sus manos. Él nos mira, Él nos acepta, nos perdona sin reservas y sin condiciones. Por lo tanto, es crucial de cara a nuestros miedos y preocupaciones con respecto a nuestro futuro. No hay un manual que describe exactamente cómo se puede comportar correctamente para esperar la venida del Señor. Pero nos falta saber el día y el lugar cuando en toda la tierra anunciarán la luz, ¿dónde está el significado oculto de los sufrimientos de los fieles de Dios? Para los que creen en Cristo Revelado la pérdida puede convertirse en una ganancia.

Cuatro y el último pensamiento. Un testimonio claro y valiente es el antídoto requerido por nosotros. Queridos hermanos y hermanas, no hay duda de que nuestros tiempos son graves, basta pensar en lo que está ocurriendo en varios países. ¿No se parecen estos días a los signos de los que habló Jesús en el Evangelio de hoy? Hemos escuchado, “se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y habrá grandes terremotos, hambres y pestilencias, y habrá terror y grandes señales del cielo.” Recuerde que todo lo que el Señor dice: “Esta será la ocasión para dar testimonio.” Es decir, en estas agitaciones el Evangelio nos llama, los discípulos dan testimonio valiente de forma clara y completa. Este no es un tiempo para lujos y ajustes, de compromisos para salvar a los salvados. Es necesario de que el Evangelio resplandezca con claridad en los rostros de los cristianos, con claridad en nuestros rostros. En este sentido estamos viviendo los últimos tiempos, los temas en los que o se quema o se levanta un nuevo día con la ayuda del Señor.

Los trágicos acontecimientos no nos deben confundir. Fundamental es vivir en el presente. El futuro podemos ponerlo con confianza en las manos de Dios. Un testimonio claro y valiente, el antídoto requerido por Dios. Amén.

ITALIANO:

Cari fratelli e sorelle,

l’anno liturgico sta avviando si verso la conclusione e la liturgia che celebriamo ci esorta di riflettere sulle cose ultime, sul giorno dove il fuoco sta per venire, come abbiamo sentito dal profeta Malachia e anche il brano del Vangelo di Luca sottolinea il tema delle fine dei tempi. Ma il linguaggio escatologico usato dall’evangelista non sta ad indicare letteralmente il crollo di tutto o la fine della terra, vuole simbolicamente indicare la fine del nostro tempo, del nostro mondo. La fine cioè di in un certo modo di concepire la vita, la fine di comportamenti che uniscono a certi ideali, a certe priorità lontane dalla giustizia del Vangelo. Io vorrei offrire quattro pensieri, non tre, ma quattro pensieri, che possano aiutare a capire meglio il Vangelo che abbiamo appena sentito.

Il primo pensiero è: gli avvenimenti tragici non devono sconcertare. Gli avvenimenti tragici non devono sconcertare. Quando l’evangelista Luca ha scritto il suo vangelo la sua generazione era impaurita dalle guerre, dai catastrofi naturali e terribili persecuzioni. Inoltre, si aggiungeva l’esperienza dell’ostilità di molti contemporanei nei loro cuori. E falsi profeti avevano abusato la situazione religiosamente e politicamente. E per di più, la mancanza del Ritorno, cioè della Parusia del Signore aveva logorato la fede e anche la speranza.

Luca non minimizza niente, piuttosto vede realisticamente gli avvenimenti che accadevano nel mondo di quei tempi. I tempi erano difficili. Basta pensare alla distruzione della città di Gerusalemme, anzitutto del Tempio, l’omicidio di migliaia degli ebrei, l’eruzione distruttiva del Vesuvio e anzitutto il martirio degli Apostoli. Tenendo conto di questi esperienze orribili, l’evangelista annunziò: Guardate di non lasciarvi ingannare, di non lasciarvi terrorizzare! Non seguite i salvatori “autonominati”.

Cari fratelli e sorelle, con fede rimanere nella serenità e la pace perché il Regno di Dio non viene con segni apparenti visibili. Sotto l’impressione delle situazioni minacciose dei cristiani  San Luca annuncia il lieto messaggio che la paura non appartiene a tutti quelli che credono in Cristo. La paura non appartiene a tutti quelli che credono in Cristo perché Dio sta dalla parte dei suoi in tutte le angosce. Le situazioni pietose per Lui non hanno dato il compimento del mondo (…) L’importante rimanere saldi. Nei tempi di crisi di allora e anche quelli nostri, nei tempi di cambiamenti profondi, non si deve cadere nel panico, ma camminare saldamente, fermamente per la strada giusta.

Poi, il secondo pensiero decisivo è vivere nel presente. Vivere nel presente. Gesù Cristo non mai ha promesso una vita senza problemi a tutti quelli che credono in Lui e Lo seguono. Tutt’altro, il Signore invita piuttosto ad accettare le sfide del presente e prendere delle decisioni che concordano con la volontà di Dio. Il Suo sguardo chiaro sul presente lascia conoscere anche oggi l’amore di Dio che ci accompagna sempre e dappertutto. Conviene percepire con attenzione la sua vicinanza in tutte le nostre azioni. Dove la nostra fede supera inerzia e indifferenza, Dio può agire anche oggi. Non dobbiamo fidarci delle speranze false che oggi vengono offerte, che si basano sui concetti fragili e considerazioni minori. Anche nel mondo di oggi fanno parte della scuola di salvezza nonostante i poteri che disprezzano l’uomo.

La presenza di Dio, cari fratelli e sorelle, ci da nella fede un approccio sicuro che neanche il terrore neanche le azioni dei fanatici possono distruggere. Dio guida la storia del mondo verso la sua fine. In questa speranza, in questa consolazione dobbiamo trasmettere Lui ognuno di noi al mondo, oggi come ieri l’evangelista Luca. Nello stesso tempo è nostro compito dare la voce a tutti quelli cristiani assediati nei diversi continenti di dimostrarci solidali nei loro confronti.

Il terzo pensiero, il futuro possiamo metterlo con fiducia nella mano di Dio. Per noi cristiani, il futuro ha un nome, si chiama Gesù Cristo. La nostra vita, tutto il mondo è orientato verso di Lui. Michelangelo lo scrive in un modo impressionante nel suo bellissimo affresco nella Cappella Sistina in Vaticano. Non un potere anonimo, non un potere oscuro decide la fine dell’umanità ed opera il passaggio del mondo, ma una Persona con un volto umano – Gesù Cristo Crocifisso e Risorto. Noi siamo sicuri nelle Sue mani. Egli ci guarda, Egli ci accetta, Egli ci perdona senza riserve e senza condizioni. Perciò è decisivo di fronte alle nostre angosce e preoccupazioni rispetto al nostro futuro. Non c’è un manuale che prescrive esattamente come ci si può comportare correttamente per aspettare il Signore che verrà. Ma non centra per noi sapere il giorno e il luogo quando tutta sulla terra dirà la luce, dove appare il senso nascosto delle sofferenze dei fedeli di Dio. Per chi crede nel Cristo Rivelato una perdita può diventare un guadagno.

Quattro e l’ultimo pensiero. Una testimonianza coraggiosa e limpida è l’antidoto richiesto da noi. Cari fratelli e sorelle, non c’è dubbio che i nostri tempi sono gravi, basti pensare a quanto sta accadendo in varie nazioni. Non somigliano questi tempi ai segni di cui ha parlato Gesù oggi nel Vangelo? Abbiamo sentito: “si solleverà popolo contro popolo e regno contro regno, e vi saranno di luogo in luogo terremoti, carestie e pestilenze; vi saranno anche fatti terrificanti e segni grandi dal cielo”. Ricorda tutto ciò che il Signore afferma: “Questo vi sarà occasione di rendere testimonianza”. Cioè in questi sconvolgimenti il Vangelo chiede a noi, ai discepoli una testimonianza coraggiosa e limpida e piena. Non è questo un tempo di accomodamenti e aggiustamenti, di compromessi per salvare il salvato. C’è bisogno che il Vangelo risplenda chiaro sul volto dei cristiani, chiaro sul nostro volto. In tale senso stiamo vivendo i tempi ultimi, i temi in quali o si brucia, o si risorge un giorno nuovo con l’aiuto del Signore.

Gli avvenimenti tragici non devono sconcertarci. Decisivo è vivere nel presente. Il futuro possiamo mettere con fiducia nella mano di Dio. Una testimonianza coraggiosa e limpida l’antidoto richiesto da Dio. Così sia.

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Publicado el 28 noviembre, 2013 en HOMILIAS MONS. GÄNSWEIN y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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